Luisa Marco Sola.
Investigadora independiente.
luisa.marco@educa.madrid.org
ISSN: 2445-0782
DOI: https://doi.org/10.55698/SS48-2025-15
Cómo citar: Marco Sola, L. (2025). El clero vasco frente a la cruzada franquista: análisis del caso de “Ángel de Zumeta”. Sancho el Sabio: revista de cultura e investigación vasca, 48, 306-325. https://doi.org/10.55698/SS48-2025-15
Fecha de recepción: 25-VII-2025
Fecha de aceptación: 27-X-2025
RESUMEN
Durante la guerra civil española (1936-1939), el bando sublevado fundamentó gran parte de su propaganda en la defensa del catolicismo. Sin embargo, algunos intelectuales católicos se opusieron al uso instrumental de la religión por parte de los sublevados. El presente artículo se centra en la actividad propagandística de uno de estos autores, conocido por el seudónimo “Ángel de Zumeta”, cuya identidad ha sido motivo de debate, con el objetivo de demostrar su identificación con el antropólogo vasco José Miguel de Barandiarán.
PALABRAS CLAVE
Guerra civil española, Religión, Ángel de Zumeta, José Miguel de Barandiarán, Clero vasco.
LABURPENA
Espainiako gerra zibilean (1936-1939), alderdi nazionalak katolizismoaren defentsan oinarritu zuen bere propagandaren zati handi bat. Hala ere, intelektual katoliko batzuk matxinatuek erlijioa instrumentalki erabiltzearen aurka agertu ziren. Artikulu honek egile horietako bat du ardatz, “Ángel de Zumeta” ezizenez ezaguna. Egilearen nortasuna eztabaidagai izan den arren, Jose Migel Barandiaran euskal antropologoarekin duen identifikazioa frogatzeko asmoz dago idatzia artikulua.
GAKO-HITZAK
Espainiako Guerra Zibila; erlijioa; Ángel Zumeta; José Miguel de Barandiarán; Euskal kleroa
ABSTRACT
During the Spanish Civil War (1936–1939), the Nationalist faction based its propaganda on its Catholic identity. However, some intellectuals within Catholicism opposed the use of the Catholic religion by the rebels. One of them—the author who wrote under the pseudonym “Ángel de Zumeta,” whose true identity has sparked controversy—is the main focus of this article, which seeks to demonstrate his identification with the Basque anthropologist José Miguel de Barandiarán.
KEY WORDS
Spanish Civil War, Religion, Ángel de Zumeta, José Miguel de Barandiarán, Basque clergy.
Durante la guerra civil española (1936-1939) se publicaron dos libros que generaron una enorme polémica: Un cardenal español y los católicos vascos: La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica y Los documentos episcopales y los nacionalistas vascos: La teología de la invasión fascista. En ambos se criticaba abiertamente la postura adoptada por la Iglesia española, que, mediante la Carta colectiva de los obispos españoles a los obispos del mundo entero con motivo de la guerra de España, se había alineado oficialmente con el bando franquista, legitimando así el golpe de Estado militar contra el gobierno de la II República.
Aunque no era la primera vez que se cuestionaba la actitud del episcopado frente al conflicto, estos libros representaban una novedad radical en la guerra propagandística entre los bandos enfrentados: ofrecían una respuesta teológica rigurosa que deslegitimaba la posición de la Iglesia española utilizando exclusivamente argumentos y documentos religiosos, no políticos.
Detrás del seudónimo “Ángel de Zumeta”, con el que se firmaban ambos textos, tenía que esconderse un sacerdote —probablemente vasco—, y no uno cualquiera. Su identidad, sin embargo, sigue siendo objeto de controversia hasta el día de hoy.
1. LA POSTURA DE LA IGLESIA ESPAÑOLA ANTE LA GUERRA CIVIL (1936-1939)
Tras el fracaso del golpe de Estado de julio de 1936 contra el gobierno de la Segunda República (1931–1936), España se sumió en una Guerra Civil que se prolongó hasta 1939. Como en todos los conflictos modernos, la dimensión propagandística fue crucial, especialmente en la búsqueda de legitimidad y apoyo internacional.
El gobierno republicano contaba con la legitimidad derivada de su origen democrático y con un reconocimiento internacional ampliamente consolidado. En cambio, los insurgentes se enfrentaban al desafío de justificar su recurso a las armas. Para ello, recurrieron a una estrategia discursiva basada en la defensa de los valores tradicionales, en particular de la religión católica, que aseguraban estaba siendo perseguida y amenazada en la zona republicana. La Iglesia católica española, lejos de adoptar una posición neutral, no solo respaldó ideológicamente la sublevación, sino que también ofreció apoyo material —cediendo recursos y espacios—, contribuyendo activamente a la construcción del relato nacionalcatólico1.
En este marco propagandístico, la llamada cuestión vasca adquiría una relevancia esencial. Y es que, en el País Vasco, en lo que el Cardenal Isidro Gomá calificó como “una aberración política monstruosa”, mientras los nacionalistas de Álava y Navarra se habían unido al golpe militar, el gobierno del PNV se mantenía firme en su apoyo a la II República. Considerada una de las regiones más católicas del país2, los sublevados habían supuesto una adhesión rotunda a la causa franquista. Pero esta expectativa no se había cumplido, revelando tensiones más profundas entre identidad religiosa, política y nacional.
2. CATOLICISMO Y CLERO VASCO DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
(1936-1939)
La guerra en el País Vasco3 representaba así un escenario especialmente problemático para el bando sublevado puesto que el respaldo del Gobierno Vasco a la República rompía con la imagen de unidad entre catolicismo y franquismo que los sublevados intentaban proyectar. Pero en la toma de posición de buena parte de la sociedad vasca, pesó más el nacionalismo vasco que el catolicismo de los golpistas, lo que comprometía seriamente la narrativa propagandística franquista.
Esta realidad, denominada la “cuestión vasca”, llevó al cardenal primado de la Iglesia española, Isidro Gomá4, a impulsar la publicación, el 6 de agosto de 1936, de la Carta conjunta de los obispos vascongados. En ella, los obispos Mateo Múgica y Marcelino Olaechea desautorizaban explícitamente a los sacerdotes y católicos vascos que apoyaban o combatían en el bando republicano. Redactada por el propio Gomá y firmada por ambos prelados, la carta exhortaba a los católicos vascos a alinearse con el levantamiento franquista, afirmando que “no es lícito, en ninguna forma (…), fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo”. Paralelamente, a través del diplomático Antonio Magaz —representante del gobierno de Burgos ante la Santa Sede— se intentó que el Vaticano interviniera directamente en la cuestión, promoviendo incluso la excomunión de aquellos vascos que no secundaran el golpe de Estado.
En este complejo contexto, el sacerdocio vasco5 adquirió un protagonismo decisivo como testigo directo de la situación en el País Vasco durante la guerra. Estigmatizado como nacionalista por las autoridades franquistas, fue objeto de una represión especialmente severa. Sin embargo, también se convirtió en una voz destacada en la denuncia internacional, protagonizando iniciativas de alto impacto a través de figuras de gran relevancia como Alberto de Onaindía6, Policarpo Larrañaga7, o Ramón Laborda8, entre otros.
3. LA IDENTIDAD OCULTA TRAS EL SEUDÓNIMO “ÁNGEL DE ZUMETA”
Esta particular situación del catolicismo vasco durante la Guerra Civil, dividido entre los dos bandos enfrentados, explica la abundancia de documentos propagandísticos que surgieron para justificar la adhesión a una u otra causa. En el caso de los textos elaborados por clérigos, era frecuente el recurso al uso de seudónimos que dificultaran su identificación, presumiblemente con el propósito de evitar posibles represalias o sanciones derivadas de su posicionamiento político.
Los libros a los que se hace referencia en este artículo —Un cardenal español y los católicos vascos: La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica y Los documentos episcopales y los nacionalistas vascos: La teología de la invasión fascista— se inscriben dentro de la actividad propagandística del clero vasco en oposición al golpe de Estado franquista. No obstante, el rigor académico y teológico era superior al de otros textos publicados en la misma época, lo que atrajo la atención sobre ellos desde un primer momento.
Desde el inicio, uno de los principales sospechosos de ocultarse tras el seudónimo “Ángel de Zumeta” fue el sacerdote y antropólogo vasco José Miguel de Barandiarán. Él siempre negó ser el autor, y criticó con firmeza a los sacerdotes que se involucraban en asuntos políticos, lo cual alimentó aún más la controversia. Por ello, numerosos investigadores han descartado su implicación directa en estos escritos o lo han considerado simplemente un pensador cuyas ideas habrían sido apropiadas por terceros sin su consentimiento. Incluso se ha planteado la hipótesis de una autoría compartida. Sin embargo, en este artículo trataremos de demostrar que la identidad detrás de “Ángel de Zumeta” corresponde única y exclusivamente a José Miguel de Barandiarán, actuando de forma voluntaria y sin la participación de otras personas.
Hasta la fecha, varios estudios han intentado identificar a la persona que se ocultaba tras el seudónimo “Ángel de Zumeta”. Alfonso Álvarez Bolado9, entre otros, lo atribuyó a Pantaleón Félix Ramírez de Olano10, director del periódico Euzkadi, aunque sostenía que este se habría inspirado en las ideas de José Miguel de Barandiarán. Esta misma hipótesis era compartida por Ander Manterola11.
El propio Álvarez Bolado también mencionó, aunque como posibilidad remota, la autoría de Alberto de Onaindía, otro destacado sacerdote vasco. Esta confusión se originó en un error del obispo de Vitoria, Mateo Múgica, y nos fue transmitida a través de los escritos de otro sacerdote que también usó seudónimo: Juan José Usabiaga Irazustabarrena (“Juan de Iturralde”) 12. Tal como nos refiere “Juan de Iturralde”, Múgica envió una carta en tono severo a Onaindía, reprochándole las afirmaciones contenidas en los folletos firmados por “Ángel de Zumeta”, dando por hecho que él era el autor. Le acusaba, entre otras cosas, de utilizar correspondencia privada mantenida con el propio obispo en dichos textos. Onaindía respondió con firmeza, negando tajantemente ser el autor, lo cual era cierto13. No obstante, también lo era que conocía perfectamente la identidad de “Ángel de Zumeta” y colaboró estrechamente con él durante la guerra14.
Luis de Barandiarán Irízar, sobrino de José Miguel de Barandiarán, reconoce en la biografía que le dedica que su tío “algo tuvo que ver con ciertas puntualizaciones publicadas en torno al Documento El caso de España del Primado de Toledo” pero refiere después un robo del documento original para publicarlo por parte de “algún sacerdote cuyo nombre prefiero omitir15”.
En realidad, quien se ocultaba tras el seudónimo “Ángel de Zumeta” era José Miguel de Barandiarán, actuando de forma voluntaria, sin intermediarios y con plena conciencia de su papel. Aunque para comprender las dificultades que ha planteado la identificación de Barandiarán es necesario considerar que su postura durante la guerra suscitó controversia. Según sus propias declaraciones, se esforzó por evitar cualquier participación en actividades de “propaganda política”. No obstante, ello no implica que no desarrollara ningún tipo de acción relacionada. Así queda evidenciado en una anotación de sus diarios, en la que recoge una conversación con el Lehendakari José Antonio Aguirre, quien le expone la necesidad de organizar una campaña propagandística que expusiera los hechos de la guerra en Euzkadi con absoluta objetividad, recopilando y comentando —cuando las circunstancias lo requirieran— materiales ya publicados, como la Carta Colectiva del Episcopado Español. A esta propuesta, Barandiarán respondía afirmando que le bastaba con el plan de trabajo que ya tenía trazado16.
No era la primera vez que Barandiarán rechazaba participar en este tipo de manifiestos; ya lo había hecho meses antes. En aquella ocasión, se le había propuesto “lanzar un manifiesto invitando al clero y a los fieles a un cisma, es decir, a romper con la jerarquía eclesiástica”. Sin embargo, se negó rotundamente, argumentando por escrito: “No me hice sacerdote para eso; conocía del Evangelio el porcentaje de traidores que podría haber en la jerarquía eclesiástica17”. A lo largo de su diario, reiteró en diversas ocasiones esta postura, señalando “no debo involucrarme en luchas políticas”.
A lo largo de la Guerra Civil, a la vez que dedicaba un esfuerzo constante a sus estudios de naturaleza etnológica, en sus diarios también se hace referencia a la elaboración de textos relacionados directamente con el conflicto bélico. Entre ellos destaca uno titulado “La religión en el pueblo vasco durante la guerra civil18” o el que planeaba publicar (no consta que lo hiciera) con el también sacerdote Josep María Tarragó (que escribía con el pseudónimo “Víctor Montserrat”) titulado “El Crimen de la Guerra19”. Además, algunos de sus escritos tenían una vocación claramente propagandística en el ámbito internacional, como se evidencia en un informe elaborado para un periodista irlandés destinado a la prensa de dicho país, en el que se abordaba la Guerra Civil en el País Vasco. Así, de acuerdo con las anotaciones recogidas en sus diarios, el eje central de sus reflexiones en estos textos giraba en torno a la legitimidad del conflicto bélico, sobre la cual Barandiarán mantenía una opinión particularmente fundada y elaborada. A la vez, mantenía en reiteradas ocasiones su deber de “defender la religión, los derechos de Dios y de su Iglesia contra los que los están conculcando en Vasconia, mi querida tierra20”.
Asimismo, Barandiarán reflejaba en sus diarios en diversas ocasiones que se encontraba trabajando en la elaboración de un libro titulado El Cardenal Gomá y el Gobierno de Euzkadi. El folleto apareció por primera vez en marzo de 1937, y el día 23 de ese mes consignaba lo siguiente: “Dícenos” —Alberto Onaindía— “que El Cardenal Gomá y el Gobierno de Euzkadi se está publicando en Bilbao en castellano, francés e inglés. Se acordó pagar a su autor 5.000 francos. Hoy impongo 2.000 francos en la Caisse Nationale d’Épargne21.” Además, anotaba un segundo pago, refiriéndose al trabajo como su “primera publicación” de ese año22. La redacción del texto habría tenido lugar en febrero, y en sus apuntes también registraba detalles sobre el encargo: “Estos días me he dedicado a escribir El Caso de España y de Euzkadi. Hoy lo he terminado. Alcanza 132 cuartillas. Anoche vinieron de Bayona en un auto el señor Michelena y otro joven refugiado de Ondarroa, y lo han llevado a Villa Mimosas con el fin de remitirlo mañana a la señora de Dop, quien me lo encargó23”.
Al referirse a El Caso de España y de Euzkadi, José Miguel de Barandiarán se está refiriendo a Un cardenal español y los católicos vascos, firmado bajo el seudónimo “Ángel de Zumeta”. El Archivo General Militar de Ávila24 conserva una copia de El Caso de España y de Euzkadi (un manuscrito de 53 hojas sin fechar), la misma que habría sido transportada por Alberto de Onaindía al Vaticano con la intención de entregarla al Papa. La comparación entre ambos textos, El Caso de España y de Euzkadi y Un cardenal español y los católicos vascos, revela que son absolutamente idénticos.
Redundan a favor de la autoría de Barandiarán diversas coincidencias entre los datos presentados en Un cardenal español y los católicos vascos y las anécdotas recogidas en los diarios personales del sacerdote vasco. Aunque estas coincidencias no resultan concluyentes por sí mismas, dado que se refieren a un colectivo —el de los exiliados vascos— en constante comunicación e intercambio de información, sí aportan un respaldo significativo a esta hipótesis.
Este libro, que fue calificado por la propaganda franquista como “un libelo desaprensivo y francamente irreverente25”, constituye en realidad un estudio personal, carente de mayores pretensiones, tal como el mismo Barandiarán señala en su diario bajo el título El Caso de España y Euzkadi (notas íntimas sobre la guerra), y en el propio texto del ensayo:
“Nuestras lecturas y nuestros contactos con hombres de uno y otro bando nos han permitido estudiar algunos hechos y examinar ciertas cuestiones que han brotado alrededor de la guerra.
Y en la intimidad de nuestra conciencia hemos formulado algunos juicios. Juicios humildes, como todo lo nuestro26”
¿Cómo se explican, entonces, las aparentes contradicciones en las declaraciones del sacerdote respecto a sus trabajos y actividades? ¿Acaso mentía el canónigo al afirmar que no deseaba involucrarse en asuntos políticos? Es indudable que el uso de un seudónimo implica la intención de ocultar la propia identidad; sin embargo, este recurso fue habitual entre los sacerdotes antifranquistas durante la Guerra Civil, quienes temían las posibles sanciones impuestas por sus superiores.
La clave para entender esta polémica podría reside en la naturaleza de los textos elaborados por Barandiarán. Desde su perspectiva, se trataba de escritos de carácter exclusivamente religioso y doctrinal, no político. Si bien es cierto que dichos textos poseían un innegable potencial propagandístico y reflejaban una defensa firme del nacionalismo vasco, el autor los concebía como elaboraciones teológicas fundamentadas en principios y textos cristianos, desligadas de una toma de posición política directa. Su objetivo principal era desautorizar el uso de la religión como instrumento legitimador en el contexto bélico, más que posicionarse explícitamente respecto a los bandos enfrentados, tal como él mismo lo interpretaba.
Por último, en relación con la posible intervención de terceros a partir de escritos originales de José Miguel de Barandiarán, conviene recordar que la manipulación de textos autorales fue una práctica frecuente durante la Guerra Civil, motivada por diversas razones, entre ellas —y de forma predominante— el deseo de incrementar su eficacia propagandística. En este contexto, la dimensión propagandística del conflicto adquirió una relevancia comparable, e incluso superior en determinados momentos, a la propia lucha armada en los frentes de batalla.
A la luz de lo dicho, resulta pertinente situar la figura de José Miguel de Barandiarán. Nacido en Guipúzcoa en 1889, ingresó a los catorce años en la Preceptoría de Baliarrain y, posteriormente, en el Seminario Conciliar de Vitoria. Desde muy temprano mostró un profundo interés por la etnografía y la prehistoria, disciplinas en las que acabaría convirtiéndose en una figura de referencia indiscutible. Ordenado sacerdote en 1914, su trayectoria intelectual estuvo marcada por el empeño de conciliar ciencia y fe, buscando siempre un diálogo armónico entre ambas.
Entre 1934 y 1935, José Miguel de Barandiarán editó la revista Idearium, subtitulada “Revista de investigación y síntesis de ciencia religiosa27“. Esta publicación constituye una pieza clave para comprender su pensamiento antes del golpe militar de 1936. En sus páginas colaboraron con regularidad destacados sacerdotes y laicos católicos como Joaquín de Goicoecheaundía, Juan Thalamas Labandíbar, Jesús Enciso, Alberto de Onaindía y Joaquín de Azpiazu28, entre otros. La revista tenía una finalidad pastoral y su línea ideológica se inscribía plenamente dentro del catolicismo social, orientado a ofrecer una respuesta al avance de las ideologías obreras de carácter antirreligioso. Desde esta perspectiva, el catolicismo se abordaba con un enfoque sorprendentemente progresista para la época, como lo demuestra la difusión frecuente de las ideas del teólogo francés Jacques Maritain. Asimismo, en consonancia con las enseñanzas sociales de León XIII, Idearium publicaba reflexiones como “La cuestión social en el País Vasco”, “El sacerdote social”, “Aspectos del catolicismo social” o “León XIII y su Encíclica social”.
El golpe de Estado de julio de 1936 sorprendió a José Miguel de Barandiarán mientras realizaba excavaciones en la cueva de Urtiaga. Obligado a huir, se refugió en San Juan de Luz y posteriormente se alojó en el Seminario de Bayona. Vivió tres años en Biarritz y, en 1940, se trasladó de forma definitiva a Sara, donde residió hasta 1953. Su estancia allí solo se vio interrumpida por un breve desplazamiento a Normandía durante la ocupación nazi de Francia. En Sara, fundó en 1946 el Institut Basque de Recherches y, junto a él, la revista de estudios vascos Ikuska. Durante estos años, Barandiarán ofreció conferencias en distintas ciudades de Europa, consolidándose como una figura destacada en el ámbito de la Antropología.
Gracias a su prestigio académico, y tras diecisiete años de exilio, pudo regresar al País Vasco en 1953 para impartir un ciclo de doce conferencias en la cátedra “Manuel Larramendi”. A partir de entonces, permaneció en su tierra natal, dedicándose a la investigación hasta su fallecimiento en 1991, a los 101 años de edad.
4. UN CARDENAL ESPAÑOL Y LOS CATÓLICOS VASCOS. LA CONCIENCIA CRISTIANA ANTE LA GUERRA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA
El primero de los ensayos de “Ángel de Zumeta”, Un cardenal español y los católicos vascos: La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica, se centraba en desautorizar el apoyo de la Iglesia española al golpe de Estado. Para ello, se apoyaba exclusivamente en argumentos teológicos y religiosos, dando respuesta a dos documentos publicados por el cardenal primado, Isidro Gomá, en favor de la insurrección: “El Caso de España” y “Carta Abierta al Sr. Don José Antonio Aguirre”29.
En el mismo se fusionaban dos textos con orígenes diferentes. El primero de ellos partía de las glosas que habría elaborado sobre “El Caso de España” a petición de María Teresa Lardizabal de Dop, ya mencionadas. Para el segundo, el que daba contestación a la “Carta Abierta al Sr. Don José Antonio Aguirre” utilizaba los argumentos de las “Anotaciones a la carta dirigida por el Eminentísimo Señor Cardenal Gomá al Excelentísimo Señor presidente del Gobierno Vasco”. Éstas habían sido elaboradas a petición del propio Aguirre por un grupo de trabajo formado por Alberto de Onaindia, Eduardo Escárzaga, Policarpo Larrañaga y, nuevamente, José Miguel de Barandiarán. El texto original le había llegado al Lehendakari desde San Juan de Luz a finales de febrero de 1937, tal como se deduce de una carta fechada el 24 de febrero y custodiada en el Archivo General Militar de Ávila:
Julio (Jauregui)30 lleva el escrito respuesta a la Carta de Gomá. Es admirable, contundente. (…) En vista del contenido doctrinal y polémico de este documento creemos que debe ser publicado en su día en folleto aparte. Por ahora puede servir al presidente como orientación segura y arsenal argumentativo31.
Poco después, en el folleto Un cardenal español y los católicos vascos: La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica, “Ángel de Zumeta” recuperaba estos argumentos y cuestionaba la propia interpretación que se había ofrecido hasta entonces de la guerra, que en ningún caso podría ser considerada como “una lucha por la civilización cristiana”. Las razones serían múltiples, según él, puesto que “es falso que la guerra civil de España sea simplemente entre el comunismo y el cristianismo; la guerra es entre un conglomerado de personas y de intereses que se han rebelado contra la legalidad por múltiples motivos.”
Ahondaba con ello en la oposición entre el “clero nacional” y el “clero vasco”, en cuya defensa se pronunciaba:
los sacerdotes vascos asesinados, encarcelados y desterrados no condujeron a la Iglesia por los derroteros de la política, y, sin embargo –quizá por esto mismo- les alcanzó la persecución; en cambio V. Emma. ha tenido mejor suerte: Ha podido rozar con la política y volcar en ella el peso de su representación eclesiástica, sin que le ocurriera nada desagradable, como nada ha ocurrido tampoco a tantos sacerdotes, que se entrometieron en la política de las derechas españolas.32
Este segundo grupo, el del clero nacionalista vasco, habría sido injustamente objeto de una campaña de desprestigio por parte de los sublevados (“¡Pobre clero vasco, calumniado y perseguido por Franco y por sus esbirros y mentores!” 33), para demostrar lo cual aportaba diversos testimonios de sacerdotes que habían sido perseguidos por su cercanía al nacionalismo vasco.
Con todo ello, “Ángel de Zumeta” iba más allá y dudaba incluso de en qué bando militaba Dios en la lucha en ciernes: “Si, efectivamente, ha llegado a España el Anticristo, trabajo le costará determinar en qué rincón de la Península se halla Cristo”34.
En repetidas ocasiones, a lo largo del ensayo, el autor se presentaba a sí mismo como “un historiógrafo”, mientras que “V. de Uriondo” (Alberto de Onaindía), en el prólogo, lo retrataba como “un historiador” movido por la búsqueda de objetividad.
5. UN NUEVO TEXTO DE “ÁNGEL DE ZUMETA”: EL ARTÍCULO “A PROPÓSITO DE LA CARTA COLECTIVA”
Un nuevo texto firmado por “Ángel de Zumeta”, esta vez en forma de artículo, apareció en el periódico Euzko Deya en septiembre de 1937.
En aquel momento, Barandiarán se encontraba inmerso en una intensa labor académica y desempeñaba un papel clave como figura de cohesión entre los distintos sectores del nacionalismo vasco exiliado en Francia. A través de estos círculos, recibía información actualizada sobre la situación en España. Su relación con tres sacerdotes en particular —Policarpo Larrañaga, Ramón Laborda y Alberto Onaindía— era especialmente estrecha; todos ellos estaban bien conectados y mantenían frecuentes conversaciones con él sobre el desarrollo del conflicto. Para entonces, José Miguel de Barandiarán ya se había adherido al Comité Espagnol pour la Paix Civile, con sede en París.
El delicado equilibrio que José Miguel de Barandiarán intentaba mantener en este terreno se reflejaba con claridad en las circunstancias que rodearon la fundación del periódico Euzko Deya. La iniciativa surgió en el contexto de una cena con miembros del Partido Nacionalista Vasco35, y aunque inicialmente se mostró reticente, Barandiarán acabó involucrándose en el proyecto, al considerarlo un deber de conciencia tras una profunda reflexión. Así lo expresó: “Hay que defender la religión, los derechos de Dios y de su Iglesia contra los que (...) están conculcando en Vasconia, mi tierra querida; pero ha de ser a condición de que el periódico anunciado no sea político36”. Sin embargo, ya establecido en París, dejó constancia en sus diarios de la decepción que le produjeron los resultados de aquella iniciativa37.
El desencuentro con la redacción de Euzko Deya merece un análisis más pausado, sin embargo. El artículo al que se refería Barandiarán, y que despertó su ira, efectivamente apareció en el primer número de Euzko Deya bajo el título “El nacionalismo vasco y la guerra civil”38. Sin negar que algunos de sus párrafos pudieran haber sido copiados a Barandiarán, lo cierto es que el alegato no aparece firmado ni bajo su nombre ni bajo el pseudónimo “Ángel de Zumeta”. El artículo lleva la firma de “Pierre Duhalde”, el pseudónimo utilizado por Policarpo Larrañaga, otro de los sacerdotes vascos exiliados. Es decir, aunque se pudieran haber tomado prestados pensamientos del antropólogo, no se pretendió en ningún momento implicarle como autor. Hay que añadir, además, que este suceso no cambió ni un ápice su relación de gran amistad tanto con Policarpo Larrañaga como con José Luis Rodríguez. Es por ello que habría que barajar la posibilidad de que se tratase, incluso, de un mero malentendido finalmente solventado, si bien ello no hubiera quedado reflejado en los diarios de Barandiarán. Apuntaría en esta dirección el hecho de que menciona en su libro La teología de la invasión franquista a “nuestro amigo Pierre Duhalde”, quien habría tratado esas mismas cuestiones meses atrás. Con ello, la colaboración de Barandiarán con el grupo del periódico Euzko Deya39 no quedaba interrumpida ni zanjada.
Tras este primer desencuentro -o equívoco-, “Ángel de Zumeta” (es decir, José Miguel de Barandiarán) sí publicó en Euzko Deya. Lo hizo con el artículo de “Ángel de Zumeta” que aparecía titulado “A propósito de la Carta Colectiva”40. El enfoque es el mismo que el que había mantenido en su anterior trabajo, Un cardenal español y los católicos vascos: dar respuesta de naturaleza teológica a los textos emitidos por el episcopado español. En este caso, se ocupaba de dar réplica a la Carta Colectiva del episcopado español a los obispos del mundo, publicada el 1 de julio de 1937 y redactada por Isidro Gomá, cardenal primado de España, a instancias del propio general Franco para defender la bondad de su lucha41.
En el texto, “Ángel de Zumeta” se presentaba a sí mismo como “un católico vasco, profesor de Ética Social y miembro del Comité de los Congresos Internacionales que tratan esta ciencia42”. Asimismo, refería que se encontraba trabajando en un nuevo libro tras Un cardenal español y los católicos vascos, aunque sin ponerle todavía título43.
En el artículo, “Ángel de Zumeta” adelantaba, de hecho, algunas de las ideas que desarrollaría más tarde en su libro. En primer lugar, ponía de relieve la ausencia en la Carta Colectiva de las firmas de dos obispos, el Cardenal Vidal y Barraquer y Mateo Múgica. A partir de ese punto se centraba en el hecho de que la Carta Colectiva de los Obispos fuese reconocidamente una iniciativa del propio General Franco, lo cual planteaba el problema de la libertad de la Iglesia en la zona controlada por Franco. Recordaba al mismo tiempo -refiriéndose al golpe de Estado militar- las múltiples ocasiones en que la Iglesia católica había propugnado la obediencia a los poderes constituidos. Todas estas cuestiones serían desarrolladas en el libro que preparaba, concluía.
Pocos días antes de la publicación del artículo, el 25 de agosto de 1937, “Ángel de Zumeta” enviaba el texto a modo de carta al general Charles Castelnau, vinculado con la recepción de los refugiados españoles en Francia44. El documento aparecía como remitido desde Villa Mimosas, en Bayona, sede del Servicio de Información y Propaganda del Gobierno Vasco y donde Onaindía, Larrañaga y Barandiarán mantenían reuniones periódicas para tratar sobre “planes de propaganda y estudio durante el destierro45”.
6. OTRAS INICIATIVAS DE JOSÉ MIGUEL DE BARANDIARÁN EN EL CONTEXTO DE LA GUERRA CIVIL: EL ARCHIVO DE TESTIMONIOS Y EL VIAJE AL CONGRESO EUCARÍSTICO DE BUDAPEST
Barandiarán compaginó la redacción de los textos firmados como “Ángel de Zumeta” con otras iniciativas también directamente relacionadas con la Guerra Civil. Desde el inicio del conflicto, trabajó de forma ininterrumpida en la elaboración de un archivo de testimonios de sacerdotes vascos sobre la guerra, al que dio el nombre de Archivo de Documentos y Testimonios. Aunque fue publicado en 200546, la edición no hace referencia a su propósito original: servir como base para un informe sobre la situación del clero vasco que Alberto de Onaindía haría llegar a la Santa Sede47.
Y es que la finalidad que perseguía Barandiarán con sus acciones era la de lograr una salida al conflicto a través de una mediación de la Santa Sede. De hecho, había sido una de las voces que más claramente se pronunciaron a favor de esta opción para poner fin al conflicto. Quedaba constancia de ello en una carta atribuible a Onaindía custodiada en el Archivo General Militar de Ávila48.
Fue con el objetivo de promover dicha mediación vaticana que Barandiarán viajó en mayo de 1938 al Congreso Eucarístico de Budapest acompañado por los sacerdotes Alberto Onaindía, Josep M.ª Tarragó y Eduardo Escárzaga49. Sin embargo, la iniciativa de asistir a dicho evento no partió realmente de ellos. Fue impulsada y financiada por el Gobierno de la República, concretamente por el ministro de Estado Julio Álvarez del Vayo. Al conocerse en los círculos católicos republicanos de París la intención de los vascos de viajar a Hungría — y con una participación destacada del sacerdote José Manuel Gallegos Rocafull50, vinculado a la propaganda republicana—, las autoridades republicanas decidieron aprovechar la oportunidad. Esta acción se enmarcaba dentro de una estrategia más amplia del Gobierno republicano orientada a desplegar una campaña de propaganda católica favorable a su causa en el extranjero51. Trataban así de debilitar la política de no intervención que estaba estrangulando dramáticamente al bando republicano.
7. LA TEOLOGÍA DE LA INVASIÓN FASCISTA
A partir de ese momento, y tal como Barandiarán señalaba en su artículo en Euzko Deya, se dedicó por completo a la elaboración de su segundo libro, La teología de la invasión fascista. Los documentos episcopales y los nacionalistas vascos. Esta obra fue concebida inicialmente con la intención de hacerla llegar al Vaticano. De hecho, Alberto de Onaindía viajaría con un manuscrito del mismo a la Santa Sede, la principal destinataria de las reflexiones de “Ángel de Zumeta”.
También Alberto de Onaindía sería el encargado de informar a su obispo, Mateo Múgica, sobre la inminente publicación de la obra, para lo que le visitaba en su exilio en su exilio en Frascati el 8 de julio de 1937. Allí le informaba de que “estaba ya preparada una contestación pública a su “Instrucción Pastoral”, demostrando lo endeble de su contenido y argumentación, su falta de autoridad respecto debido a las circunstancias en que se hizo pública, y otros aspectos52”. Onaindía negaba sin embargo ser el autor de la misma, afirmando que el folleto había llegado a sus manos después de estar completamente redactado.
Múgica a la información de Onaindía de manera furibunda, amenazando con desautorizar la publicación en el mismo momento en que viera la luz. Es por ello que tanto Onaindía como el propio Barandiarán optaron por hacer una difusión puramente simbólica de la obra “enviando unos pocos ejemplares a determinadas personalidades y bibliotecas públicas53”, tratando así de evitar un nuevo disgusto a su prelado.
Entre quienes sí recibieron ejemplares de la obra se encontraban las más destacadas personalidades de la curia romana, cardenales, superiores generales de religiosos y las sagradas congregaciones. El cardenal primado, Isidro Gomá, al tener conocimiento de esta difusión en Roma reaccionaba alarmado por el riesgo que suponía, según él, la existencia de una refutación a la Carta Colectiva escrita por un sacerdote. Trataba a partir de ese momento de recabar información sobre la identidad del autor, y, si bien varios informantes coincidían en que se trataba de un sacerdote vasco y en diferentes ocasiones aparecía, entre otros, en nombre de Barandiarán, no lograba llegar a una conclusión clara54.
Por su parte, “Ángel de Zumeta” en La teología de la invasión fascista hacía constantes referencias a su primer trabajo, Un Cardenal Español y los católicos vascos, hablando de “nuestro trabajo”. Esto responde a que ambos libros constituían un proyecto unitario, ya que perseguían un mismo objetivo y compartían un formato similar. En concreto, su estructura se basaba en glosas a fragmentos numerados en números romanos del texto original que se comentaba.
La influencia de esta metodología profesional en el desarrollo del estudio resultaba igualmente destacable en ambas obras. Barandiarán ya había expresado anteriormente la necesidad de analizar detenidamente los textos antes de formular conclusiones sobre el contexto bélico. Asimismo, abordaba este análisis no como un ataque a la Iglesia ni a sus superiores, sino como un ejercicio intelectual necesario y constructivo. También en este libro refiere su aportación como “glosas” al documento original.
Además, examinaba las condiciones establecidas por el derecho canónico para la consideración de una “guerra justa” y concluía que ninguna de ellas se cumplía en el caso de la Guerra Civil española. Asimismo, se criticaba duramente la legitimación de la guerra como religiosa, así como el papel desempeñado por la jerarquía eclesiástica, por ende: “La actitud de los representantes de la Iglesia española en la presente guerra constituye quizás una de las objeciones más serias que se hayan presentado jamás a la Religión de Cristo en los pueblos peninsulares55”, sostenía.
El libro se centraba nuevamente en el comentario de dos textos: la pastoral conjunta de los obispos vascos, de agosto de 1936, y la carta del obispo Múgica reafirmándose en la pastoral conjunta, que aparecía el 15 de septiembre de 1936 en el Boletín Eclesiástico de Vitoria. Ponía en duda la autenticidad de los documentos y afirmaba incluso que, o bien, la identidad de Mateo Múgica había sido suplantada, o que este había firmado en contra de su voluntad.
A ellos añadía el comentario a un tercer documento, de otro prelado esta vez: la Carta de Cuaresma del arzobispo de Burgos de 1937. El interés de ésta para “Ángel de Zumeta” radicaba en que hacía referencia explícita a los católicos vascos.
8. ACTIVIDADES EN LA FASE FINAL DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA
Durante los últimos meses de la Guerra Civil, José Miguel de Barandiarán participó en París en la fundación de una nueva revista vasca56: Anayak: Correspondance bimensuelle des prêtres basques en exil, publicada entre enero y abril de 1939. A través de sus páginas, se erigieron como portavoces no solo del clero vasco, sino de la totalidad del pueblo vasco exiliado, bajo el lema In testimonium veritatis. La publicación llegará hasta los siete números, hasta el 15 de abril de 1939. Tras esto, la derrota marcaba nuevas prioridades. Finalizada, y perdida, la guerra, José Miguel de Barandiarán había de permanecer en el exilio. La situación en Francia para ellos distaba de ser fácil, desgraciadamente.
Tras años de silencio, el 20 de marzo de 1945 escribía a Mateo Múgica, también exiliado, planteándole una serie de cuestiones sobre la postura que, doctrinalmente, hubieran debido adoptar los católicos vascos frente al golpe de Estado de julio de 1936. Se trataba de cuestiones que, según Barandiarán, le habían planteado los asistentes a un curso de etnografía que había impartido en San Juan de Luz. La respuesta de Mateo Múgica adoptaba la forma de una carta abierta a sus antiguos diocesanos: Imperativos de mi conciencia. Carta abierta al presbítero José Miguel de Barandiarán.
Meses después, el 15 de abril de 1946, José Miguel de Barandiarán escribía al entonces obispo de Vitoria, Carmelo Ballester. La carta respondía a una comunicación proveniente desde el País Vasco español y, según el propio Barandiarán, era la primera vez que se le solicitaban explicaciones tras un prolongado periodo sin noticias de sus superiores. Manifestaba que desde 1937 había dejado de percibir las prestaciones económicas que le correspondían por parte de la diócesis, sin que nadie le notificara de manera explícita su cese en funciones57.
Su respuesta se estructuraba en torno a las cinco acusaciones formuladas en su contra, elaborando una argumentación cargada de significado, pues no solo otorgaba legitimidad cristiana al nacionalismo vasco, sino que también defendía la obligación moral de no guardar silencio ante determinados acontecimientos.
Y, aunque en ningún momento mencionó sus escritos durante la Guerra Civil, Barandiarán apeló a la obediencia hacia sus superiores, una conducta que afirmaba haber mantenido desde los inicios de su trayectoria en la Iglesia. Gran parte de su defensa se centró, sin embargo, en negar las acusaciones que afirmaban que en el Seminario de Vitoria se desarrollaban actividades de carácter político58.
Tras esto, y a pesar de que tanto el obispo vascongado como las autoridades civiles no se opusieron oficialmente a su regreso, Barandiarán decidió no retornar aún a España.
Tampoco volvió a publicar como “Ángel de Zumeta”, centrándose en su labor como antropólogo a partir de ese momento.
En 1950 se dirigió al nuevo obispo de Vitoria, José María Bueno Monreal, explicándole sus circunstancias en el exilio y cómo, en sus trabajos, siempre se había circunscrito a “mostrar la concepción cristiana del mundo59”. La respuesta positiva de Bueno Monreal posibilitó el regreso de Barandiarán a la diócesis en 1953, tras lo cual pudo retomar sus excavaciones, fue profesor invitado en la recién creada Cátedra de Estudios Vascos de la Universidad de Salamanca y dirigió la Cátedra de Etnología Vasca de la Universidad de Navarra.
9. CONCLUSIÓN
La oposición de parte del clero vasco al golpe de Estado de julio de 1936 provocó una profunda división ideológica en el seno de la Iglesia católica española, cuyas consecuencias se dejaron sentir en ambos bandos. Mientras la Segunda República halló en este sector eclesiástico aliados que contribuyeron a proyectar una imagen internacional de respeto hacia las creencias religiosas, el bando franquista se vio obligado a redoblar esfuerzos para legitimarse como defensor de un catolicismo supuestamente agredido y amenazado de desaparición. En este contexto tan controvertido, el clero vascongado se vio frecuentemente obligado a actuar con discreción e incluso anonimato. En el ámbito de la publicación de textos, esto se tradujo en el uso recurrente de pseudónimos.
En este artículo nos hemos centrado en uno de estos casos: el seudónimo “Ángel de Zumeta”, utilizado por José Miguel de Barandiarán. La dificultad para su identificación radicaba, principalmente, en la insistente negativa de José Miguel de Barandiarán a reconocer cualquier vinculación con actividades de carácter político, postura que sostuvo hasta el final de su vida. Y es que él mantuvo siempre la firme convicción de estar realizando un trabajo estrictamente teológico, acorde con su identidad como sacerdote y con unos límites profesionales claramente definidos.
No obstante, y a pesar de su concepción personal sobre dicha labor, los escritos en cuestión —centrados en el rechazo religioso a la Cruzada franquista, la condena del uso de la violencia en nombre de la religión e incluso la denuncia de la persecución del clero vasco— poseían un notable valor propagandístico. Y este potencial fue reconocido y aprovechado estratégicamente tanto por el Partido Nacionalista Vasco como por el gobierno de la Segunda República.
Tras el final de la guerra y con la proclamación de la victoria franquista, quienes se habían opuesto a la Cruzada sufrieron las consecuencias de su disidencia. Para muchos, ello supuso el encarcelamiento, el destierro o incluso la muerte. La maquinaria depuradora del régimen alcanzó, de una forma u otra, a todos los sectores críticos. José Miguel de Barandiarán se vio condenado al exilio durante largos años, mientras que “Ángel de Zumeta”, el pseudónimo que le permitió articular su voz en medio del conflicto, quedó sumido en el silencio y el olvido.
FUENTES
Archivo General Militar de Ávila.
BIBLIOGRAFÍA
1 Sobre las relaciones entre la Iglesia católica y los golpistas ver Alfonso Álvarez Bolado: Para ganar la guerra, para ganar la paz. Iglesia y guerra civil: 1936-1939, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1995; José Andrés-Gallego: ¿Fascismo o Estado católico? Ideología, religión y censura en la España de Franco, 1937-1941, Madrid, Ediciones Encuentro, 1997; Hilari Raguer: La pólvora y el incienso. La Iglesia y la guerra civil española (1936-1939), Barcelona, Península, 2001; Julián Casanova: La Iglesia de Franco, Madrid, Temas de Hoy, 2001; Guy Hermet: Los católicos en la España franquista, Madrid, CIS, 1985; Herbert R. Southworth: El mito de la Cruzada de Franco, Barcelona, Plaza y Janés, 1986; Javier Tusell y Genoveva García Queipo de Llano: El catolicismo mundial y la guerra de España, Madrid, BAC, 1993; y José M. Sánchez: The Spanish Civil War as a Religious Tragedy, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 1987. Para una visión más amplia de la historia de la Iglesia en la España contemporánea: William J. Callahan: Iglesia, poder y sociedad en España, 1750-1854, Madrid, Editorial Nerea, 1989; Frances Lannon: Privilegio, persecución y profecía. La Iglesia católica en España, 1875-1975, Madrid, Alianza, 1987; Alfonso Botti: Cielo y dinero. El nacionalcatolicismo en España (1881-1975), Madrid, Alianza Universidad, 1992; Rafael Díaz-Salazar y Salvador Giner (eds.): Religión y sociedad en España, Madrid, CIS, 1993; Benoît Pellistrandi (ed.): L’histoire religieuse en France et en Espagne, Madrid, Casa de Velázquez, 2004; y Gonzalo Redondo: Historia de la Iglesia en España (1931-1939), Madrid, Rialp, 1993.
2 Buena muestra de ello es que las bases doctrinales del PNV, contenidas en el Acta de Bergara (16 de noviembre de 1930), afirmaban: “El nacionalismo vasco proclama la religión católica como única verdadera y acata la doctrina y jurisdicción de la Santa Iglesia Católica, Apostólica, Romana”. En José Luis De la Granja: “El aranismo, ideología dominante del Partido Nacionalista Vasco en los años treinta: Acta de la Asamblea de Bergara”, en II Congreso Mundial Vasco. Congreso de Historia de Euskal Herria, San Sebastián, Txertoa, 1988, tomo V, p 470.
3 Para una aproximación a la guerra civil en el País Vasco ver José Luis De la Granja: República y guerra civil en Euskadi (del Pacto de San Sebastián al de Santoña), Bilbao, HAEE-IVAP, 1990; y Santiago De Pablo: “La guerra civil en el País Vasco”, Ayer, nº50, 2003, pp. 115-142. Sobre el papel del PNV en la misma, Santiago De Pablo y Ludger Mees: El péndulo patriótico. Historia del Partido Nacionalista Vasco (1895-2005), Barcelona, Crítica, 2005.
4 Acerca de la figura del Cardenal Isidro Gomá véase Miguel Ángel Dionisio: Isidro Gomá ante la dictadura y la República: pensamiento político-religioso y acción pastoral, Toledo, Instituto Teológico San Ildefonso, 2011; Anastasio Granados, El cardenal Gomá primado de España, Espasa-Calpe, Madrid, 1969; y María Luisa Rodríguez Aisa: El Cardenal Gomá y la guerra de España. Aspectos de la gestión pública del Primado 1936-1939, Instituto Enrique Flórez, Madrid, 1981.
5 Para una aproximación al papel del clero vasco durante la guerra civil española ver Francisco Rodríguez de Coro: Catolicismo vasco entre el furor y la furia (1931-1936), San Sebastián, Eusko Ikaskunza, 1988; y Alfonso Botti: “La Iglesia vasca dividida: Cuestión religiosa y nacionalismo a la luz de la nueva documentación vaticana”, Historia contemporánea, nº35, 2007, pp. 451-489. Sobre la represión posterior contra este colectivo, Anabella Barroso Arahuetes: “Iglesia vasca, una Iglesia de vencedores y vencidos. La represión del clero vasco durante el franquismo”, Ayer, nº43, 2001, pp. 87-110.
6 El sacerdote Alberto de Onaindía Zuloaga trabajó para el gobierno vasco durante la guerra civil. Entre sus principales tareas estaba la justificación del posicionamiento de los vascos del lado republicano. Testigo del bombardeo de Guernica, recibió también el encargo de relatar lo ocurrido en el extranjero. Participó igualmente en las negociaciones previas al Pacto de Santoña, por el que los últimos batallones nacionalistas del País Vasco se rindieron a las tropas italianas a cambio de garantías para los combatientes que deponían las armas. Continuó su actividad en el exilio bajo los pseudónimos “P. Olaso”, “Doctor Olaso” y “J. Masterton”. Escribió, entre otros trabajos, Hombre de paz en la Guerra. Capítulos de mi vida, Buenos Aires, Ekin, 1973; Experiencias del exilio. II. Capítulos de mi vida, Buenos Aires, Ekin, 1974; y El Pacto de Santoña: antecedentes y desenlace, Bilbao, Laiz, 1983.
7 Muy implicado con el sindicalismo católico antes de la guerra, fue uno de los primeros en dar contestación al golpe de Estado franquista, desacreditándolo con especial virulencia. Escribió durante el conflicto y en el posterior exilio bajo los pseudónimos “Pierre Duhalde”, “Pedro Duhalde”, “Xabier de Bursain” y “Xabier d’Iramuno”. Tras su muerte, en 1956, aparecían sus dos obras más conocidas, ambas sobre el sindicalismo católico: Contribución a la historia obrera de Euskalerria, San Sebastián, Ed. Auñamendi, 1976; y Emakume Abertzale Batza. La mujer en el nacionalismo vasco, San Sebastián, Ed. Auñamendi, 1978.
8 El sacerdote Ramón Laborda fue el fundador de la organización infantil “Pospoliña”, que pretendía brindar formación musical y teatral a los niños. Durante la guerra se desplazó a Irlanda para pronunciar varias conferencias y publicar diferentes artículos en defensa de los sacerdotes vascos y en contra del alzamiento nacional. Todos ellos fueron publicados por el rotativo irlandés The Worker y el vasco Euzko Deya.
9 Alfonso Álvarez Bolado: Para ganar la guerra, para ganar la paz. Iglesia y guerra civil: 1936-1939, Madrid, Universidad Pontificia de Comillas, 1995, p.230.
10 Esta posible identificación o intervención quedaría, en mi opinión, descartada. “V. de Uriondo” (Alberto de Onaindía), en el prólogo de Un cardenal español, presenta al autor como “un historiador”, mientras que “Ángel de Zumeta” se autodefine como “un historiógrafo”, lo que nos aleja de Ramírez de Olano. Del mismo modo, ni Barandiarán en sus Diarios ni Alberto de Onaindía en sus memorias mencionan intervención alguna por parte del político vasco.
11 Ander Manterola: Vida y obra de D. José Miguel de Barandiarán, Ataun, Fundación José Miguel de Barandiarán, 2003, p. 54.
12 Sacerdote e historiador, Juan José Usabiaga Irazustabarrena estuvo encarcelado varios meses durante la guerra civil tras haber sido acusado de simpatizar con el nacionalismo vasco. Su paso por la cárcel quedó reflejado en uno de los testimonios sobre la guerra recopilados por José Miguel de Barandiarán (“Informe 40. Informe de P. Juan Usobiaga (8 de agosto de 1937 – 3 de septiembre de 1937)” en De Barandiarán, 2005, p. 236-237. Al recobrar la libertad, Usabiaga se dirigió al exilio en Francia, desde donde publicó El catolicismo español y la Cruzada de Franco en 1955 (Ed. Egui-Indarra). La obra, prohibida en España, constaba de tres tomos y fue conocida coloquialmente como “Los libros de Iturralde”. Realizó una segunda edición en 1978.
13 Álvarez, Para ganar, p. 232.
14 Mateo Múgica refirió después el intercambio de cartas con Onaindía a Isidro Gomá. En José Andrés-Gallego y Antón M. Pazos (eds.): Archivo Gomá: documentos de la guerra civil, Madrid, CSIC, 2001-2010, volumen 7, p. 448.
15 Luis de Barandiarán Irízar: José Miguel de Barandiarán. Patriarca de la cultura vasca, San Sebastián, Sociedad Guipuzcoana de Ediciones y Publicaciones, 1976, pp. 186-187.
16 José Miguel De Barandiarán: Diario personal. Volumen II (1936-1953). Durante los años de su exilio en el País Vasco continental, San Sebastián, Fundación Barandiarán, 2009, p. 551.
17 31 de julio de 1937. De Barandiarán, Diario, p. 548.
18 “En Ustaritz entrego a D. Manuel de Inchausti la 2ª y la 3ª parte de “La religión en el pueblo vasco durante la guerra civil (31 de marzo de 1938)”. De Barandiarán, Diario, p. 559.
19 “Voy a Donibane Loitzun, y como en casa del Sr. Camiña (Subiburu), en compañía de éste y de los Srs. Onaindía (D. Alberto) y de Tarragó (D. José Mª). Después estos dos van a mi casa de Biarritz. El Sr. Tarragó y yo convenimos en publicar en colaboración un libro que responda a este título “El Crimen de la guerra”” (11 de diciembre de 1937). De Barandiarán, Diario, p. 556.
20 23 de noviembre de 1936. De Barandiarán, Diario, p. 507.
21 De Barandiarán, Diario, p. 529.
22 11 de octubre de 1937: “Recibo de París (M. de F.) 5.000 fr. por mi primera publicación de este año”. De Barandiarán, Diario, p. 553.
23 Al hablar de la “Sra. de Dop” se refiere a María Teresa Lardizabal de Dop, esposa de Pierre Dop, presidente de la Sección de Etnografía del Museo Vasco de Bayona. 22 de febrero de 1937. De Barandiarán, Diario, p. 525.
24 Archivo General Militar de Ávila. Armario 46, legajo 57, carpeta 10, documento 1. Rollo 241.
25 P.P. Altabella Gracia: El catolicismo de los nacionalistas vascos, Madrid, Editora Nacional, 1939, p.70.
26 “Ángel de Zumeta”: Un Cardenal Español y los católicos vascos. La conciencia cristiana ante la guerra de la Península Ibérica, Bilbao, Publicaciones Minerva, 1937.
27 Para ampliar estos datos, véase Joaquín Perea: El modelo de Iglesia subyacente en la pastoral del clero vasco. (1918-1936), Bilbao, Desclée de Brower, 1991.
28 Joaquín de Azpiazu estuvo muy implicado en el catolicismo social vasco, principalmente a través de sus conferencias y cursos de la Agrupación Vasca de Acción Social Cristiana (AVASC). Creó igualmente la Universidad Social Obrera Vasca (USOV), universidad ambulante que impartía clases para capacitar a los líderes obreros con una duración de apenas un mes.
29 En su Respuesta obligada: Carta abierta al Lehendakari José Antonio Aguirre Gomá trataba de rebatir los argumentos expuestos por Aguirre en el discurso transmitido el 22 de diciembre por Radio Bilbao. En el mismo, Aguirre negaba que la guerra tuviese una dimensión religiosa y defendía los avances sociales logrados por la II República. Gomá, en su Carta abierta, retomaba la interpretación de la Guerra Civil como una contienda religiosa y atribuía actividades nacionalistas a los sacerdotes vascos fusilados por las tropas sublevadas.
30 Julio Jauregui, miembro del PNV y anteriormente de Acción Católica y de Solidaridad de Trabajadores Vascos, se distinguió durante la Guerra Civil por una apuesta por el nacionalismo moderado y la mediación.
31 La carta aparece firmada por “Anselmo”, identificable como Alberto de Onaindía, que utilizó este pseudónimo en varios documentos. Archivo General Militar de Ávila (Armario 46 legajo 58 carpeta 4 documento 3 p. 3 /Rollo 241).
32 “Ángel de Zumeta”, Un cardenal, p.82.
33 “Ángel de Zumeta”, Un cardenal, p. 81.
34 “Ángel de Zumeta”, Un cardenal, p. 57.
35 9 de noviembre de 1936. De Barandiarán, Diario, 2009, p. 504.
36 23 de noviembre de 1936. De Barandiarán, Diario, p. 507.
37 29-30 de noviembre de 1936. De Barandiarán, Diario, p. 509.
38 Euzko Deya, 29 de noviembre 1936.
39 Aparecía en Euzko Deya el 17 de diciembre de 1936 un artículo titulado “Dónde no está Cristo” firmada por “Ángel de Agamunda”. Si bien el texto no da referencias propiamente al caso vasco, Agamunda evoca una sima situada en Ataun, donde Barandiarán pasó su infancia. A pesar de ello, es extremadamente aventurado atribuir al antropólogo este texto, que creo merece un estudio más profundo, ya que su contenido no se asemeja a ningún texto conocido de éste.
40 “Ángel de Zumeta”, “Au sujet de la Lettre Collective”, Euzko Deya, 5 septiembre 1937.
41 Isidro Gomá contó para la redacción con el asesoramiento de Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid, y Enrique Pla i Deniel, obispo de Salamanca. Fechada en julio, se retrasaba su publicación para intentar que aquellos que se negaban a firmarla, principalmente Francesc Vidal i Barraquer, cardenal y arzobispo de Tarragona, y Mateo Múgica, obispo de Vitoria, lo hicieran. Ver al respecto Raguer, 1982. Por otro lado, resulta interesante el reconocimiento por parte de Gomá en una entrevista concedida al Heraldo de Aragón en agosto de la importancia que, para acceder a publicar la Carta, había tenido la propaganda realizada en el extranjero a favor de la República por grupos de católicos y sacerdotes. (Heraldo de Aragón, 22 de agosto de 1937).
42 En francés en el original.
43 “Preparo un trabajo, o un comentario, sobre los diversos puntos de que trata la “Carta Colectiva de los Obispos Españoles”. Este trabajo afrontará estas cuestiones desde un punto de vista histórico. Es lamentable que casi todos los hechos que invoca la “Carta Colectiva” sean presentados de tal manera que un historiador serio necesariamente ha de considerarlos como falsos o dudosos (Un comunista, en cierta ocasión, en un pueblo de España, le dispara al Santo Sacramento). Mi trabajo será publicado en breve”. En Euzko Deya (5 de septiembre de 1937).
44 Andrés-Gallego y Pazos: Archivo Gomá, volumen 7, pp. 339-344.
45 6 de noviembre de 1938. De Barandiarán, Diario, p. 581.
46 La Guerra Civil en Euzkadi. 136 testimonios inéditos recogidos por José Miguel de Barandiarán, Edit. Bidasoa (Milafranga-Villefranque, 2005).
47 Deja constancia de ello en sus Diarios: “Entrego a Lasarte” (el diputado del PNV José María Lasarte) “para que se lo de a D. Alberto de Onaindía un cuaderno de testimonios extractados de mi “Archivo de Documentos y Testimonios” que se refieren a la guerra de Euzkadi, con destino a la información que se me pidió en la reunión del día 12, para que sea enviado al Papa” (18 de noviembre de 1937). De Barandiarán, Diario, p. 554.
48 Fechada en San Juan de Luz el 24 de febrero de 1937, resulta plausible pensar que fue escrita por Onaindía, ya que aparece firmada por “Anselmo”. Archivo General Militar de Ávila (Armario 46 legajo 58 carpeta 4 documento 3 p. 3/ rollo. 241). En la misma se propone el envío a Roma de una comisión formada por sacerdotes, entre los que estarían Onaindía y el propio Barandiarán, para impulsar las negociaciones.
49 Hay que señalar que resulta llamativa la presencia en el grupo de este último, quien hasta ese momento había optado por la discreción. Rector de Seminario de Vitoria entre 1932 y 1936, pertenecía al círculo cercano del Obispo Mateo Múgica. Sobre su figura, ver Joseba Goñi Galarraga, Joseba M.: “Don Eduardo Escarzaga: Un exilio en la discreción”, en Ascunce, José Ángel; Jato, Mónica; y San Miguel, M.ª Luisa (eds.), Exilio y universidad (1936-1955). Tomo II. VII Congreso Internacional “Exilio y universidad: presencia y realidades 1936-1955. San Sebastián, Saturrarán, 2008, p. 335-370.
50 Sus memorias de los años de guerra fueron publicadas en José Manuel GALLEGOS ROCAFULL: La pequeña grey. Testimonio religioso sobre la guerra civil española, Barcelona, Península, 2007.
51 Se puso en marcha para ello una Oficina de Propaganda Católica en París dirigida por el sacerdote José Manuel Gallegos Rocafull. Ver al respecto Luisa Marco Sola: “La Oficina de Propaganda Católica de París. Propaganda cristiana antifascista para la II República durante la guerra civil española (1936-1939)”, Historia del Presente, 18, 2011-12, pp. 146-160.
52 Alberto de Onaindia: Hombre de paz en la guerra, Buenos Aires, Editorial Vasca Ekin, 1973, p. 313.
53 De Onaindia: Hombre, p. 318.
54 Andrés-Gallego y Pazos: Archivo Gomá, volumen 7, pp. 348-567.
55 “Ángel de Zumeta”, La teología, p. 15.
56 Sobre la prensa vasca del periodo ver Adolfo Ruiz de Gauna Lucas: “Catálogo de publicaciones periódicas vascas en la Guerra Civil (19 de julio de 1936 – 1 de abril de 1939)” en Manuel Tuñón de Lara, (ed.): Comunicación, cultura y política durante la II República y la Guerra Civil. Tomo I. País Vasco (1931-1939), Bilbao, Universidad del País Vasco, 1990, pp. 317- 392.
57 De Barandiarán, Diarios, p. 1009.
58 Se refiere en particular al folleto “El clero y los católicos vasco-separatistas y el Movimiento nacional”, publicado por el Centro de Información Católica Internacional en 1940.
59 Santiago De Pablo; Joseba Goñi Galarraga; y Virginia López de Maturana: La Diócesis de Vitoria. 150 años de historia, Vitoria, Eset, 2013, p. 457.