Lahoz,L.
La imagen y su contexto cultural. La iconografía medieval.
Síntesis, Madrid 2022. ISBN: 978-84-1357-224-6. 321 pp.
Mariano Casas Hernández
Universidad de Salamanca
Cómo citar: Casas Hernández, M. (2025). Lahoz, L. (2022). La imagen y su contexto cultural. La iconografía medieval. Madrid: Síntesis. Sancho el Sabio: revista de cultura e investigación vasca, 48, 326-328 https://doi.org/10.55698/SS48-2025-16
La editorial Síntesis ha publicado una monografía que aborda de manera transversal el estudio de la imagen en su contexto cultural durante la Edad Media. Encargada a la profesora Lahoz, esta obra responde a la necesidad de adoptar una perspectiva holística en el análisis de la imagen, considerando la interrelación de los distintos ámbitos originales de los que forma parte, toda vez que evita una fragmentación disciplinar. Este enfoque permite desplegar un universo semántico complejo y multifacético, con implicaciones llenas de matices, que desafía los paradigmas establecidos en la historiografía europea. Insertado en una colección, el ejemplar se encuentra sujeto a ciertas limitaciones editoriales en cuanto a extensión y número de figuras. Semejante restricción resulta paradójica en una obra cuyo objeto de estudio es precisamente la imagen, y se manifiesta en la inclusión de tan solo diez fotografías en el texto impreso y otras diez en el material complementario en línea.
El índice, en sí mismo, constituye una clara exposición de la concepción metodológica que subyace a esta investigación. La organización temática de los contenidos, en lugar de una secuenciación cronológica, revela un enfoque analítico centrado en las conexiones conceptuales entre las diferentes manifestaciones de la imagen. Así, tres grandes secciones, precedidas de una sustanciosa introducción, articulan los diferentes capítulos. En la primera, dedicada a “Pensar la imagen”, se desarrolla “La imagen medieval”, “La imagen religiosa”, “La Imagen secular” y “Otras imágenes”. En la segunda, donde se trata “El discurso hecho imagen”, el texto versa sobre “La imagen construida”, “La imagen esculpida” y “La elocuencia de los objetos”. La tercera expone “Temáticas imaginadas” y está constituida por “Los trabajos y los días”, “La imaginería de la muerte”, “La imagen del otro, marginados y proscritos”, “La mujer en imágenes. La mujer imaginada” y “Vida religiosa, monjes e imágenes.” El epílogo y una selección de diez imágenes comentadas junto a una abundante bibliografía, cierran el texto.
La introducción se erige como un verdadero manifiesto metodológico, al proponer una revisión historiográfica que rompe con las convenciones establecidas en la disciplina, en una práctica cada vez menos habitual en el devenir actual predominante. A lo largo de los capítulos, el concepto de imagen en la Baja Edad Media se desentraña a través de un meticuloso análisis de casos concretos. Estos ejemplos, lejos de ser meros apéndices ilustrativos, constituyen los pilares sobre los cuales se edifica la argumentación. La voz de las obras se erige como el eje central del discurso, permitiendo que sean las propias imágenes las que articulen el relato y revelen las complejidades inherentes a su significado. La fidelidad al quehacer historiográfico, un principio de gran honestidad profesional que reivindica el lugar de cada autor con las aportaciones que le corresponden, sin impostación u omisión, articula todo el texto y se advierte, de manera especial en la construcción del estado actual de la cuestión. Una exhaustiva revisión que sienta las bases teóricas sobre las cuales se construye el resto del análisis, ofreciendo al lector una preciosa guía para interpretar los resultados y apreciar la originalidad del enfoque propuesto.
La autora, gracias a su amplia experiencia investigadora en el campo de la imagen medieval, ha establecido una relación estrecha con muchas de las obras analizadas. Esta vinculación, sumada a un riguroso trabajo de campo, le ha permitido ofrecer una interpretación original y matizada de aquellas, superando las lecturas previas y abriendo nuevas vías de investigación. Sus originales aportaciones enriquecen significativamente el campo de consideración y demuestran la importancia de una aproximación personal y comprometida con las fuentes. Lahoz aborda en este libro cómo las imágenes medievales han sido resignificadas a lo largo del tiempo y cómo estos cambios de interpretación reflejan las dinámicas sociales, religiosas y políticas de las sociedades que las heredaron, evidencia ante la que reclama -bien visible en el ejercicio metodológico que desarrolla en el análisis de cada pieza- la necesidad de realizar el estudio contextual de cada obra de arte, comprendiendo esta no como ente aislado -sea por la compartimentación tradicional de la disciplina (escultura, pintura, arquitectura, artes menores…), sea por las exigencias ideológicas del momento (justificación oportunista de una identidad, etc.)- sino en perfecta imbricación de un todo del que, indisociable, forma parte.
Como la propia profesora señala, estudiar las imágenes medievales en profundidad no solo ayuda a entender el pasado, sino que también arroja luz sobre cómo se perciben y se utilizan hoy. En un mundo saturado de estímulos visuales, este análisis ofrece una perspectiva crítica sobre cómo se construyen significados a través de ellas y cómo estas influencias persisten a lo largo de los siglos. Explora así las tensiones existentes entre el significado primigenio de las obras (siempre vinculado a un lugar específico) y su consumo contemporáneo. De este modo desafía las interpretaciones reduccionistas o idealizadas de la Edad Media, que a menudo se basan en la teoría de los estilos, omiten la complejidad de las imágenes en sus contextos originales o las mutilan al desechar algunos de sus elementos constitutivos: modelos previos, intención de los promotores, ubicación, relación con los espacios y ámbitos, la elocuencia propia, sus relaciones e interacciones (en un doble sentido) con las audiencias, la imbricación con la cultura, etc. Revisa los conceptos tradicionales de la historia del arte, cuestionando su tendencia a presentar las imágenes como “obras de arte” autónomas. En cambio, plantea la necesidad de comprenderlas dentro de un contexto más amplio, como agentes culturales activos —no meramente objetos de contemplación estética— expresión de las dinámicas culturales de su tiempo. Propone, por tanto, una perspectiva integradora que abarca la totalidad de los componentes del fenómeno artístico, trascendiendo el análisis formal para construir una comprensión holística que incorpora dimensiones estéticas, sociales, históricas y culturales, conformando, en definitiva, la “articulación de líneas cruzadas que es el arte” (p. 212).
Uno de los ejes principales sobre los que se construye la monografía descansa en el análisis de la imagen como soporte de memoria. La autora incide en su relato en el examen de cómo las diferentes obras medievales sirven como herramientas para consolidar la identidad individual y colectiva de los promotores, especialmente si son adecuadamente analizadas en sus contextos primigenios. Así, el uso que hicieron las élites medievales como vehículos legitimadores de su autoridad y privilegio. A medida que avanza la explicación, se desgranan los ejemplos, enraizados en prácticas sociales y religiosas, combinando métodos de análisis visual y teoría cultural, incorporando los efectos del tiempo en la percepción de su estética y significado, para ofrecer una visión más rica y multifacética de las imágenes. Este procedimiento de “pensamiento visual” no sólo se emplea como herramienta analítica, sino también como medio para desarmar narrativas históricas fuertemente arraigadas y dominantes. El libro también destaca por conectar las imágenes medievales con nuestra era moderna, caracterizada por una sobrecarga visual y un progreso tecnológico sin precedentes. Lahoz argumenta que aquellas siguen teniendo un impacto, aunque muchas veces a través de lecturas distorsionadas o idealizadas. Critica cómo los museos, las reproducciones, el sistema del arte y ciertas narrativas académicas han despojado a estas imágenes de su contexto original, dificultando una comprensión genuina de su significado histórico y cultural. La crítica va acompañada de una reflexión sobre cómo las imágenes pueden servir como herramienta para “desmantelar y reescribir” ideologías, una perspectiva que vincula el pasado con los debates actuales sobre el poder de lo visual.
Las condiciones impuestas por la colección a la que pertenece la monografía, obligaron a no incluir el correlato figurativo necesario que hubiera sido necesario plantear junto con el texto para que desarrollara su propia retórica y le sirviera de apoyo como documento. La obligación de incluir en el volumen publicado únicamente diez fotografías, así como otras diez en los complementos en línea, pese a los esfuerzos realizados en la selección, no facilita ni ayuda eficazmente a una publicación de este tipo. A mayores, también han estimado necesaria la reducción de la bibliografía utilizada en la versión en papel (cinco páginas), frente a la real (de treinta y cuatro páginas) con apretada letra, incorporada en los complementos digitales.
La monografía constituye un hito en el campo de la historia del arte al abordar un ejercicio metodológico de considerable envergadura. El rigor con el que se ha llevado a cabo, sumado a la profundidad del análisis y la claridad en la exposición de los matices, lo convierten en una valiosa contribución para el conocimiento de la imagen en la Baja Edad Media. El libro se erige como un lugar-refugio, espacio de razonamiento profundo y diálogo intertextual imaginado (hecho imagen), donde el lector puede entablar una conversación intelectual con autores del pasado y del presente mientras aborda una comprensión más profunda de las obras del ayer y estimula la formulación de nuevas ideas, alejado del ruido y al margen de las presiones de una obsesiva producción académica acelerada.