Ocio en tiempos de cambio: Navarra, 1900-1936

María del Mar Larraza Micheltorena

Universidad de Navarra.
mlarraza@unav.es

ISSN: 2445-0782

DOI: https://doi.org/10.55698/SS48-2025-01

Cómo citar: Larraza Micheltorena, M. (2025) Ocio en tiempos de cambio : Navarra, 1900-1936. Sancho el Sabio : Revista de cultura e investigación vasca, 48,
https://doi.org/10.55698/SS48-2025-01

Fecha de recepción: 28-II-2025

Fecha de aceptación: 04-III-2025


RESUMEN

Presentación del dossier “Ocio en tiempos de cambio: Navarra, 1900-1936”, que incluye los artículos, por este orden, de: Mikel Berraondo “El Orfeón Pamplonés: la formación de un coro sinfónico en Pamplona”, Francisco Javier Caspistegui y Paola Ruiz “Mejorar la salud y formar la mente: el deporte infantil”, María del Mar Larraza “Club de Tenis de Pamplona: elitismo y modernidad” y Jesús M. Usunáriz “Los carnavales navarros y el espíritu de lo «ancestral»”

PALABRAS CLAVE

ocio; Navarra; siglo XX

LABURPENA

“Aisia aldaketa garaian: Nafarroa, 1900-1936” dosierraren aurkezpena. Bertan, honako artikulu hauek jasotzen dira, hurrenkera honetan: Mikel Berraondo “Iruñeko Orfeoia: abesbatza sinfoniko baten eraketa Iruñean”, Francisco Javier Caspistegui eta Paola Ruiz “Osasuna hobetzea eta burua prestatzea: haurren kirola”, María del Mar Larraza: “Iruñeko Tenis Kluba: elitismoa eta modernitatea” eta Jesús M. Usunáriz:”Nafarroako inauteriak eta «antzinakoaren» espiritua”

GAKO-HITZAK

aisia; Nafarroa; XX. mendea

ABSTRACT

Presentation of the dossier ‘Leisure in times of change: Navarre, 1900-1936’, which includes the articles, in this order, by: Mikel Berraondo ‘El Orfeón Pamplonés: the formation of a symphonic choir in Pamplona’, Francisco Javier Caspistegui and Paola Ruiz ‘Improving health and training the mind: children’s sport’, María del Mar Larraza ‘Pamplona Tennis Club: elitism and modernity’ and Jesús M. Usunáriz: ‘Navarrese carnivals and the spirit of the ’ancestral‘’.

KEY WORDS

leisure; Navarre, 20th century


Los cuatro trabajos que componen este dossier pretenden ser una pequeña aportación al estudio del ocio contemporáneo, una temática que cuenta ya con una sólida trayectoria historiográfica fuera de nuestras fronteras, pero que sólo tímidamente recibe atención en nuestro país, como así se lamenta Jorge Uría, uno de sus mejores conocedores1. El tiempo de ocio, un segmento especial dentro del tiempo libre, en principio, orientado a la realización de actividades elegidas libremente y que comportan una satisfacción personal, es además “un lugar privilegiado para la reproducción social; para la socialización, la construcción y la reasignación de roles y significados sociales; para el desarrollo de las manifestaciones de sociabilidad o, por supuesto, para el consumo cultural”, y, por descontado, es también un buen observatorio para saber de los rasgos de la sociedad que lo disfruta, ya sea su estratificación, sus códigos de conducta o sus creencias ancestrales.

Este valor referencial del ocio se hace especialmente atractivo para el historiador de la contemporaneidad, porque es ahora cuando, al compás de la modernización de la sociedad occidental, el ocio pasa de ser un “patrimonio aristocrático” a un bien de consumo de masas. La implantación de la jornada de ocho horas, el descanso dominical y el aumento del poder adquisitivo de muchos trabajadores una vez iniciado el siglo XX, en especial a partir de su tercera década, estarían detrás de aquel cambio trascendental2, que implicó una innegable popularización de las diversiones, no sólo porque empezaran a contar con la presencia y participación de clases medias y trabajadoras, sino también porque en muchos casos fueron amoldando su contenido a los gustos y hábitos populares.

La decisiva transformación de una sociedad tradicional en una de masas, un proceso aquí lento y lleno de rémoras y permanencias, aunque igualmente imparable, no sólo avanzó hacia una progresiva democratización de los usos del ocio, sino que también introdujo novedosas formas de diversión, acordes tanto con el perfil industrial y cosmopolita que iba extendiéndose poco a poco, como con las nuevas ideas higienistas y racialistas que inundaron el período de entresiglos, o con los avances de aquel tiempo de gran progreso tecnológico. La aparición del cine o la generalización de las más diversas prácticas deportivas constituyen, quizá, los ejemplos más sobresalientes de un ocio moderno, que en algunas modalidades optó por una estructura mercantil sustentadora de la futura sociedad de consumo.

La Navarra del primer tercio del siglo XX, a pesar de su perfil eminentemente rural y tradicional, también registró a su manera los nuevos aires, de tal modo que lo característico de estos años fue la convivencia de formas de divertimento antiguas y modernas, trasunto del cambio social que se estaba operando. De algunas de estas modalidades de ocio -viejas y nuevas- se cuenta ya con estudios pioneros, no necesariamente elaborados en el marco universitario; de los que aquí se presentan, una muestra todavía testimonial, cabe decir que constituyen aportaciones inéditas respecto a lo ya conocido y que además tienen en común el hecho de haber sido abordados por historiadores, en su mayoría vinculados a la Universidad de Navarra.

Se inicia el dossier con el estudio de Mikel Berraondo sobre el Orfeón Pamplonés, una de las instituciones de ocio contemporáneo más tempranas y con un carácter más genuinamente popular, pues al igual que otros coros de la segunda mitad del siglo XIX, nació para apartar a “los obreros de la taberna y de otros centros de perdición” y para hacer de ellos “ciudadanos cultos, honrados y dignos”. Su trayectoria bajo la batuta insustituible de Remigio Múgica, director de la agrupación durante casi seis décadas, describió una evolución ascendente desde su origen humilde como orfeón exclusivamente masculino hasta su configuración como un coro sinfónico de prestigio nacional, que contó con la progresiva incorporación de voces femeninas. Como en otras latitudes, el Orfeón se convirtió en un emblema de su propia ciudad, Pamplona, y aún de toda Navarra, a las que representó con éxito en muchos certámenes y concursos, reforzando este componente identitario con su fuerte vinculación a la defensa foral en los días de la Gamazada. Desde entonces se ha consolidado como un verdadero icono de la cultura navarra.

De un origen más cercano en el tiempo data la expansión del deporte, que en el tránsito del siglo XIX al XX se convirtió en una de las formas de ocio de mayor impacto social y cultural; a él se dedican los dos siguientes artículos. El escrito por Francisco Javier Caspistegui y Paola Ruíz con el título de “Mejorar la salud y formar la mente: el deporte infantil” nos adentra en un campo de estudio apenas presente en la historiografía española y prácticamente inédito en la producción local. Como se indica en el texto, el redescubrimiento de la infancia al compás del proceso modernizador y la creciente conciencia sobre sus necesidades focalizó en aquellos años interseculares el interés de pedagogos, higienistas y políticos por la educación de los más pequeños y, de modo novedoso, por su formación física, que se consideró muy necesaria tanto para forjar el carácter como para mejorar la raza. La práctica deportiva arraigó con fuerza en los años veinte y treinta, sobre todo gracias a la iniciativa de clubes privados, dada la casi nula implicación de la escuela, y empezaron a menudear campeonatos infantiles de fútbol o pequeños torneos de pelota, inculcándose a los niños un sano espíritu deportivo. No obstante, tal y como relatan los autores, una intensa politización acabó impregnándolo todo tras el inicio de la guerra civil, cuando la potencialidad patriótica del deporte, en este caso, infantil, fue llevada al extremo y la actividad deportiva, especialmente el fútbol, se convirtió en un medio eficaz para la socialización en los nuevos valores y consignas.

La guerra tampoco dejó indemne a otro de los deportes surgidos al inicio del siglo, el tenis, pero, en este caso, su carácter minoritario y selecto lo mantuvo un tanto al margen de la marcada ideologización que experimentaron otras prácticas mucho más populares y, por ello mismo, también más atractivas para el régimen. En el estudio dedicado al “Club de Tenis de Pamplona: elitismo y modernidad”, Mari Mar Larraza traza la pequeña historia de esta institución deportiva desde su fundación en 1918 hasta finales de la década de los treinta, poniendo de relieve los rasgos que compartía con otras entidades análogas de la geografía nacional -así, la extracción elitista de sus miembros, el componente social antes que deportivo presente en sus estatutos o el amateurismo-, pero también los aspectos particulares que la singularizaron y que fueron sobre todo dos: por un lado, la destacada presencia del elemento militar desde sus inicios, dada la importancia también concedida al deporte en medios castrenses y, por otro, el peso más que significativo de las mujeres, que a lo largo del período aquí estudiado, y también después, sumaron prácticamente la mitad de los socios, y que de forma inhabitual llegaron a las juntas directivas y a la misma presidencia del club ya en vísperas de la II República, en un signo claro de modernidad.

La novedad que implican las modalidades de ocio aquí estudiadas y otras muchas más que, en conjunto, dieron un nuevo sentido al tiempo de asueto de entresiglos, desde entonces disciplinado, sometido a normas y horarios, curiosamente “no ocioso” y, en algunos casos, además lucrativo, convivió, como es evidente, con la permanencia de formas de divertimento más tradicionales, propias de épocas anteriores en las que el tiempo libre se dedicaba al descanso y al cumplimiento del deber ritual, y en las que religión, fiesta y juego estaban íntimamente relacionadas3.

En un principio, cabría incluir como ejemplo de esta segunda tipología el trabajo de Jesús M. Usunáriz centrado en “Los carnavales navarros y el espíritu de lo «ancestral»”, pero su autor propone una genealogía de estas celebraciones muy a contrapelo de la versión mítica e identitaria que se ha impuesto desde los años sesenta del siglo pasado. Una mirada atenta al eco de las fiestas carnavalescas en la prensa del primer tercio del XX le permite diferenciar el carnaval urbano, con su doble faceta -la burguesa de casinos y sociedades privadas, elogiada por su elegancia y distinción; y la popular y callejera, denostada por su libertinaje y vulgaridad-, y el carnaval rural, resabio quizá de las viejas mascaradas de siglos anteriores, que precisamente ya iniciada la pasada centuria asistió a una reconstrucción, perceptible sobre todo en varias localidades de la Montaña navarra. Sin duda, estamos ante una reinvención de la tradición, todavía espontánea y no repetitiva, pero muy alejada, según la tesis del autor, de la propuesta más reciente -no documentada- de un carnaval esclerotizado, de supuesto origen inmemorial y entendido como expresión simbólica de una identidad étnica.

Esperemos que estas y otras reflexiones ayuden a avanzar en esta nueva línea de estudio que gira en torno al ocio como manifestación singular de la vida cotidiana en la contemporaneidad. Los trabajos aquí reunidos tienen su origen en varias ponencias pronunciadas en las Jornadas organizadas por la Cátedra de Lengua y Cultura Vasca de la Universidad de Navarra en octubre de 2024 bajo el título de “Tiempo de ocio y diversión: Navarra, 1900-1936”. La idea inicial de las jornadas surge, a su vez, en el marco del proyecto de investigación liderado desde la UPV-EHU, Vida cotidiana, sociabilidad y culturas políticas en el País Vasco-navarro contemporáneo4, en el que participan dos de los autores del dossier, Francisco Javier Caspistegui y Mari Mar Larraza.


Bibliografía


Notas

  1. 1 Jorge Uría: “La historia del ocio y el contemporaneísmo español: viejas y nuevas perspectivas”, en Marta García Carrión y Sergio Valero (eds.): Tejer identidades: socialización, cultura y política en la época contemporánea, Valencia, Tirant lo Blanc, 2018, pp. 241-282. Las citas que siguen en pp. 241 y 242.

  2. 2 Jorge Uría: “El nacimiento del ocio contemporáneo. Algunas reflexiones sobre el caso español”, en VVAA.: Fiesta, juego y ocio en la Historia, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca, 2003, pp. 347-382 (pp. 359-362).

  3. 3 Alain Corbin: L’Avenèment des loisirs 1850-1960, Paris, Flammarion, 1995.

  4. 4 Proyecto de I+D+i PID2022-138385NB-I00, financiado por MCIN/ AEI/10.13039/501100011033.