Mikel Berraondo Piudo
Universidad Pública de Navarra.
mikel.berraondo@unavarra.es
ISSN: 2445-0782
DOI: https://doi.org/10.55698/SS48-2025-03
Cómo citar: Berraondo Piudo, M. (2025). El Orfeón Pamplonés. La formación de un coro sinfónico en Navarra. Sancho el Sabio: revista de cultura e investigación vasca, 4.
https://doi.org/10.55698/SS48-2025-03
Fecha de recepción: 30-I-2025
Fecha de aceptación: 27-V-2025
RESUMEN
La música ha desempeñado siempre un papel fundamental en el ocio de las personas, y el Orfeón Pamplonés fue un vehículo que permitió que a finales del siglo XIX y principios del XX personas de diferentes clases sociales compartiesen su afición por la música. Fundado como un coro exclusivamente masculino, venció en importantes concursos y participó de los más importantes acontecimientos de la época. La figura de Remigio Múgica fue clave para su conversión en un coro mixto que, a partir de los años 20, interpretó las más grandes obras de la música sinfónico-coral.
PALABRAS CLAVE:
Orfeón Pamplonés; Remigio Múgica; Gamazada; música sinfónica; Pamplona
LABURPENA
Musikak funtsezko zeregina izan du beti pertsonen aisialdian, eta Iruñeko Orfeoiak aukera eman zuen XIX. mendearen amaieran eta XX. mendearen hasieran klase sozial desberdinetako pertsonek musikarekiko zaletasuna partekatzeko. Gizonezko abesbatza gisa sortu zen, lehiaketa garrantzitsuetan irabazi zuen eta garai hartako gertaera garrantzitsuenetan parte hartu zuen. Remigio Mugicaren figura funtsezkoa izan zen abesbatza misto bihurtzeko, eta, 20ko hamarkadatik aurrera, musika sinfoniko-koraleko lanik handienak interpretatu zituen.
GAKO-HITZAK
Iruñeko Orfeoia; Remigio Mugica; Gamazada; musika sinfonikoa; Iruñea
ABSTRACT
Music has always played a fundamental role in people’s leisure activities, and in the late 19th and early 20th centuries the Orfeón Pamplonés enabled people from different social classes to share their love of music. Founded as an all-male choir, it won important competitions and took part in the most important events of the time. The figure of Remigio Múgica was decisive in its transformation into a mixed choir which, from the 1920s onwards, performed the greatest works of symphonic and choral music.
KEY WORDS
Orfeón Pamplonés; Remigio Múgica; Gamazada; Pamplona; symphonic music; Pamplona
Introducción
El Orfeón Pamplonés es uno de los coros de más reconocido prestigio del panorama musical español. No en vano ha actuado con varias de las mejores orquestas del mundo (New York Philharmonic Orchestra, Mariinski Orchestra, BBC Philharmonic Orchestra…), en varios de los más importantes escenarios del mundo (Carnegie Hall de Nueva York, Royal Albert Hall de Londres, Teatro Mariinski de San Petersburgo, Théâtre des Champs-Elysées de París…) y varios de los directores más aclamados por la crítica (Valery Gergiev, Rafael Frühbeck de Burgos, Esa-Pekka Salonnen, Vladimir Jurowski…). Sin embargo, en sus orígenes fue un coro masculino, surgido al calor del movimiento orfeonístico que se dio en Europa durante el siglo XIX, y cuyo objetivo era fomentar la cultura musical y servir como medio para que los obreros de la incipiente sociedad industrial dedicasen su tiempo de ocio a la cultura y no lo malgastasen en tabernas u otras actividades.
La llegada a la dirección del vergarés Remigio Múgica revolucionó al coro. Bajo su batuta, el viejo y masculino Orfeón Pamplonés pasó a convertirse en un coro sinfónico de primerísimo nivel, obteniendo un gran prestigio en la sociedad pamplonesa y sirviendo como lugar de ocio y cultivo de la música para distintas generaciones de pamploneses. La incorporación de la mujer en 1903 fue, como veremos, un hito clave en el devenir del Orfeón.
Orígenes del Orfeón Pamplonés
Tenemos noticias de la existencia de las primeras sociedades corales en España desde los años 50 del siglo XIX1. España sufrió una industrialización mucho más lenta y tardía que el resto de Europa y, por tanto, el movimiento coral, íntimamente ligado al desarrollo industrial de las ciudades, llegó también más tarde a este territorio2. Los lugares que tuvieron un mayor desarrollo de la industria fueron el País Vasco y Cataluña, y por tanto resulta lógico que fuera ahí también donde surgieron las primeras sociedades corales del país. La masa social necesitaba espacios donde disfrutar del ocio fuera de la industria, y así surgieron Sociedades de Socorro Mutuo, Ateneos o Círculos de Recreo, asociaciones todas ellas de marcado carácter burgués. Fue en el seno de dichas asociaciones donde surgieron también estas agrupaciones corales que recibieron el nombre francés de orfeones3.
Siguiendo a María Nagore, en los años 50 de aquel siglo se implantó en España método musical del compositor y pedagogo francés Bocquillon-Wilhem en escuelas musicales gratuitas que pretendían proporcionar a los pobres u obreros una formación que les permitiera servirles de “elemento honroso de subsistencia”, y de ahí vino inmediatamente el surgimiento de los primeros orfeones. Así, en 1853 fue fundado el Orfeón Barcelonés, y en 1862 la Sociedad Coral La Armonía de Bilbao4. El fenómeno orfeonístico vino así a España de la mano de la industrialización5 y de la Escuela Municipal de Música de Pamplona, fundada en 18586. Es en este contexto cuando surge en aquella Pamplona del siglo XIX el Orfeón Pamplonés.
El 19 de marzo de 1865 11 socios fundaron en el almacén de Conrado García el primer Orfeón Pamplonés, con el claro objetivo de “enseñar música gratuitamente a los artesanos que lo soliciten y sean admitidos útiles, y tengan entre 16 y 40 años de edad7”. La industrialización no había llegado todavía a la ciudad de Pamplona y, es por este motivo que en este caso se mencione a los “artesanos” y no a obreros. Al igual que el resto de los orfeones de los que hemos hablado, se trataba éste de un coro formado exclusivamente por voces masculinas, con dos cuerdas de tenores (primeros y segundos), y otras dos de barítonos y bajos8.
El Primer Orfeón Pamplonés fue presidido por el propio Conrado García, organista de la catedral, y su primer director fue Joaquín Maya. De aquel primer Orfeón Pamplonés quedó un grato recuerdo en Pamplona, pues colaboró en la educación de gran cantidad de aquellos artesanos, y de su seno salió Julián Gayarre. Este apenas estuvo 3 meses en el orfeón, pero dio tiempo para que fuese escuchado por don Hilarión Eslava, el cual, al escuchar su voz en un solo de tenor, quedó prendado y lo envió a estudiar al conservatorio de Madrid, donde pudo estudiar canto. El Orfeón colaboró en la recogida de fondos para el traslado y mantenimiento de Gayarre en Madrid, mientras optaba a una beca9.
El 6 de abril el Gobernador Civil de Navarra concede permiso para la formación de una “Sociedad Filarmónica con el título de Orfeón Pamplonés”. Las clases comenzaron el 18 de abril. El 16 de mayo aparecen ya en el “salón de la Academia” de Pamplona, locales que ha cedido desinteresadamente el ayuntamiento, “uno de sus más ventajosos locales”. Se pidieron 3.500 reales a la Sociedad de Crédito Navarro para hacer frente a los primeros gastos. El 1 de junio se remite una carta a D. Hilarión Eslava nombrándolo presidente de honor del orfeón, y el 4 de junio se invitó a los orfeonistas a un café en casa de Don Conrado10.
Rápidamente personajes ilustres de la sociedad pamplonesa de la época fueron incorporándose al Orfeón. Así, el 31 de diciembre fue nombrada una nueva junta presidida por don Jacinto Campión, aunque no pudo ser aprobado un reglamento para la sociedad debido a la falta de socios11. Desde un primer momento, como vemos, la escasa asistencia de los socios provocó no pocos quebraderos de cabeza a los responsables del coro. El 8 de enero de 1866 fueron nombrados socios de honor Don Joaquín Gaztambide, Don Emilio Arrieta, Don Juan Guelbenzu y Don Dámaso Zabalza, eminentes músicos navarros12.
La tesis doctoral de Rebeca Madurga nos informa de muchas de las actuaciones que realizó este primer Orfeón Pamplonés, que centró su actividad en distintos conciertos realizados en el salón del Nuevo Mercado o en el Teatro Principal de la ciudad, llegando incluso a actuar para el rey13. Nos queda también alguna referencia en prensa sobre sus actuaciones con tal soprano o cual tenor que pasaban por Pamplona14. Se trataba de conciertos con un fin benéfico, para los pobres de la ciudad, pero a los que la asistencia de público no fue la esperada en muchas ocasiones. En cualquier caso, este Orfeón debió dejar su actividad en enero de 1873, dado que la III guerra Carlista provocó una vez más que muchos socios dejasen de aportar su cuota al Orfeón. Por tanto, se procedió a la disolución de la sociedad, si bien se dejaron los bienes de la misma a “una serie de alumnos que querían continuar con la actividad”15.
El Ateneo Orfeón Pamplonés
El 6 de noviembre de 1881 se realizó una convocatoria firmada por el último presidente, Jacinto Campión, Conrado García, Serafín Mata y Oneca y otros para tratar de la “reorganización del Orfeón Pamplonés, sociedad que tan buenos recuerdos dejó y que fue origen de importantes beneficios, no solo morales, sino también materiales”. Acudieron a la reunión por lo menos 53 personas. El 20 de noviembre, día de la reunión, se nombró nuevamente presidente a Jacinto Campión y tesorero a Conrado García, miembros ambos de las últimas juntas del primer Orfeón16. El Ateneo Orfeón Pamplonés fue inaugurado en 1882, y ese mismo año se dio un concierto en San Fermín con Pablo Sarasate y Julián Gayarre. Esta nueva fundación del Orfeón tenía como objetivo no sólo el cultivo de la música, sino también la realización de otras actividades como lecturas conjuntas de poesía, conferencias etc. Entre sus miembros nos encontramos a parte de lo más granado de la sociedad pamplonesa de aquella época, como el militar e historiador Julio Altadill, Florencio Ansoleaga o el Conde de Espoz y Mina.
En mayo de 1883 apareció un grave problema, puesto que el Teatro del Circo de Labarta, lugar donde realizaban los ensayos y actuaciones, quería ser clausurado. Las actas nos indican que hubo grandes discusiones en el seno del coro, con dimisión de la junta directiva y nombramiento de una nueva17.
El 27 de diciembre de 1885 se decidió suspender la actividad del Ateneo Orfeón Pamplonés, debido a la baja asistencia a ensayos por parte de los socios. El presidente y vicepresidente eran en aquel momento don Florencio Ansoleaga y el Conde de Espoz y Mina18. El Ateneo Orfeón quedó pues en suspenso, pero no desapareció hasta 1887, cuando en una reunión debida a la dimisión de Florencio Ansoleaga y el Conde de Espoz y Mina como presidente y vicepresidente se decidió, no sin protestas, disolver el Ateneo. Una comisión se hizo cargo de los enseres de la sociedad y las 122,94 pesetas que sobraron fueron repartidas entre los socios19. Según nos informa la prensa, ese mismo año hubo intentos de reorganización del Orfeón Pamplonés20, e incluso un intento en 1889 de fundar un nuevo coro denominado “Orfeón Eslava”21, pero ninguno de estos intentos tuvo éxito.
Remigio Múgica y la última fundación del Orfeón Pamplonés
En agosto de 1890 la prensa de Pamplona publicó la convocatoria de una reunión para tratar la reorganización del Orfeón Pamplonés. Unos meses antes, el ayuntamiento había pedido a Fidel Maya que reorganizase lo que quedaba del coro para actuar en una exposición de plantas y flores y en la inauguración del Palacio de Justicia y, el éxito obtenido, animó a los coralistas a tratar de refundar el coro.
Dicha reunión fue celebrada el 28 de agosto y fue presidida por Fidel Maya, hijo de Joaquín Maya, primer director del Orfeón. A aquella asamblea acudieron Antonio Millor o Tomás Millén, que habían sido miembros de las juntas del Ateneo, y comenzaron la redacción de un nuevo reglamento para el Orfeón. Además, se adquirieron todos los enseres del Ateneo que al parecer aún quedaban guardados en las escuelas de adultos de San Vicente de Paúl, y el 30 de septiembre les fueron cedidos los locales de las Escuelas de Música para iniciar los ensayos22. Dichos ensayos iniciaron inmediatamente bajo la dirección de Fidel Maya. En abril de 1891 fue incorporado como 2º director Remigio Múgica, tenor de la capilla de música de la catedral23. Sin embargo, ese mismo mes Fidel Maya informó de que por motivos laborales debía trasladarse a vivir a Gijón y, por tanto, recomendaba a la sociedad que Remigio fuera nombrado director titular de esta, como así se hizo. En cualquier caso, los ensayos debieron ser suspendidos poco después, el 12 de abril, puesto que “sólo acuden los 14 más asiduos”24.
En cualquier caso, existían esperanzas de una rápida reorganización de las clases y, por tanto, el presidente, Antonio Millor, recomendó no difundir en demasía la suspensión del coro en la prensa, por si en un futuro cercano podían volver a reorganizar el Orfeón. Así,
se acordó aconsejar a todos se diese la menor publicidad a estas resoluciones y quitarle la importancia que los de fuera de la sociedad quisieran darle a la suspensión para no desalentar por completo los ánimos de muchos que por distintas causas, tal vez ajenas a su voluntad habían dejado de acudir en el transcurso de estos siete meses y que no por eso dejan de ser amantes de la sociedad y que en la reconstitución que se haga es lo más probable acudan al llamamiento.
El 30 de abril de 1891 fue suspendida por última vez la actividad del Orfeón Pamplonés, “hasta que la junta considere factible en unión con el sr. Múgica una nueva organización de las clases 1ª y 2ª”25. Dicha ocasión no tardó en llegar, dado que la prensa pamplonesa publicó en abril del año siguiente que se estaba preparando un gran concurso de orfeones en Bilbao, y decidieron reanudar la actividad del coro “por motivo de verse cierta animación en los orfeonistas”. Se decidió además convocar a todo aquel que ya hubiera pertenecido con anterioridad al Orfeón, y se decidió buscar nuevas voces que completaran un coro que, en la mente de todos los presentes, desde un principio fue a ganar el concurso de Bilbao. De hecho, el propio Remigio arengó a sus orfeonistas durante el ensayo del 8 de mayo, diciéndoles que podían optar a la victoria26.
Muchas personas han pasado por el Orfeón Pamplonés en sus más de 150 años de vida. Pero de entre todas ellas, debemos destacar a Remigio Múgica, guipuzcoano que lo dirigió durante 57 años, más de un tercio de la vida de la institución.
Remigio Múgica (1866-1958), vergarés de nacimiento, llegó a Pamplona en 1888, animado por la convocatoria de una plaza de tenor de la capilla de música de la catedral de Pamplona, plaza que obtuvo gracias a sus formidables dotes para el canto. Además, llegó a formar un pequeño orfeón que ensayaba los domingos en la calle Calderería.
El Orfeón Pamplonés preparó con esmero su presentación en Bilbao y realizó varios conciertos previos en Pamplona como entrenamiento para el concurso. De hecho, necesitaban 300 pesetas para realizar el viaje y con estos conciertos previos obtuvieron más de 700. Encargaron un estandarte, aún hoy conservado, y eligieron un traje negro con boina “azul turquí” como uniforme27. El Orfeón viajó a Bilbao los días 27 y 28 de agosto de aquel año, y obtuvo el primer premio en los tres concursos en los que participó, tanto en la lectura a primera vista como en la obra obligada y la de libre elección, y el recibimiento que recibió en Pamplona, según nos cuenta la prensa de la época, fue apoteósico28. Miles de pamploneses recibieron al coro en la estación de tren y lo acompañaron hasta el Casco Antiguo. Infinidad de cohetes fueron disparados desde el círculo carlista o los casinos Nuevo y Eslava, y los orfeonistas desfilaron hasta la Plaza del Castillo precedidos por unos gaiteros que animaban el recibimiento y la banda del Regimiento, que interpretó varios pasodobles. Miles de personas saludaban desde los balcones al victorioso Orfeón, que quiso disponerse a interpretar las obras que le habían llevado a la victoria en la Plaza del Castillo, pero no pudo hacerlo debido a la lluvia que empezó a caer en ese preciso instante. La junta iba montada en un carruaje “Landó”, tirado por caballos, y en él don Remigio portaba el estandarte de la sociedad. Detrás iba una farola triangular con una dedicatoria al Orfeón. Los orfeonistas iban detrás de esta, en un ómnibus, junto a los carruajes de otras instituciones, y fueron obsequiados en los casinos Nuevo y Eslava29. La lluvia deslució este primer recibimiento al Orfeón, pero en lo sucesivo estos recibimientos no tuvieron nada que envidiar a los que se le hacían a Pablo Sarasate en San Fermín.
Como vemos, el triunfo del Orfeón Pamplonés en el concurso de Bilbao supuso que el coro tomase un nuevo impulso y desde entonces haya mantenido su actividad hasta la actualidad. De hecho, durante generaciones se ha considerado dicha fecha como la fundación real del Orfeón Pamplonés, si bien como hemos visto sus orígenes se remontan a 1865, y los contemporáneos consideraron siempre que se trataba del mismo coro30.
La Gamazada
La fundación y asentamiento de los orfeones vascos y catalanes está íntimamente ligada al surgimiento de los nacionalismos31. Quiso el destino que la última fundación del Orfeón coincidiera en el tiempo con la Gamazada, uno de los hechos centrales en la historia de Navarra. Se denomina Gamazada a la reacción popular ocurrida en Navarra entre 1893 y 1894 al intento del ministro de Hacienda Germán Gamazo de suprimir el régimen foral de Navarra establecido en la Ley Paccionada de 1841. Este hecho provocó la movilización del pueblo navarro en defensa de sus fueros, y fue aprovechado por el Orfeón Pamplonés para lucirse ante sus paisanos, resultando uno de los elementos clave en todos los hechos acaecidos durante aquellos días.
El Orfeón Pamplonés participó en la manifestación del 4 de junio de 1893, donde participaron, según se dice, más de 20.000 personas provenientes de toda Navarra. Junto a las cadenas de la tienda de Miramamolín, traídas por Sancho VII el Fuerte de la batalla de las Navas de Tolosa y que supuestamente son las que se encuentran en el escudo de Navarra, o la bandera de los Baztaneses, que según dicen se encontró presente también en dicha batalla, el Orfeón exhibió su estandarte en todo el recorrido de la manifestación, seguido por una gran multitud de personas32, e interpretó el Gernikako Arbola de José María Iparraguirre al finalizar la misma, provocando la algarabía de la multitud. Se trataba esta de una canción que exaltaba al árbol de Guernica y los fueros vascos, y en un momento tan señalado el Orfeón lo convirtió en un auténtico himno con el que enfervorecía a las multitudes que lo escuchaban.
Apenas un par de meses después, al regresar de un concurso de orfeones en Santander, el Orfeón paró en la ciudad de Guernica, donde participó en la conocida “Sanrocada”. Allí, hincando la rodilla en tierra, los orfeonistas cantaron nuevamente Gernikako Arbola de José María Iparraguirre ante el milenario árbol de la localidad, y adornaron el estandarte con las ramas de aquel milenario roble. Posteriormente, se celebró una comida en la que participó el Orfeón. La Sociedad Guerniquesa y la Sociedad Tradicionalista izaron en sus balcones la bandera española, cuando alguien gritó un “muera España” que provocó que muchas personas tradicionalistas y fueristas abandonasen la comida. Se formó un gran tumulto y una bandera de España fue destrozada. Según nos cuenta la prensa del momento, el presidente del Orfeón, subido en una mesa, trató de tranquilizar los ánimos de los presentes sin lograrlo33.
Las noticias corrieron más que el Orfeón, y para cuando éste llegó a Pamplona la noticia era conocida por la mayoría de los pamploneses, que lo recibieron en olor de multitudes. De hecho, al llegar a la Plaza del Castillo los orfeonistas fueron invitados a participar en una comida que se celebraba en el hotel La Perla, en honor del diputado fuerista Llorens, que dio un ardiente discurso en favor de los fueros y la fe. Pamplona entera recibió al Orfeón en la plaza del Castillo con el sonido de cornetas e infinidad de cohetes34. El Orfeón Pamplonés era ya parte fundamental de aquel sentimiento navarro y foral. En 1894 acompañó a la diputación en su viaje de ida a Madrid, llegando hasta Tafalla y cantando en varias estaciones el Gernikako Arbola. La Memoria Artística de aquel año describe aquella marcha:
Inútil será decir que en todo el trayecto que recorrió, no cesó de entonar himnos patrióticos que entusiasmaban a los habitantes todos de los pueblos por donde el tren pasaba. Y como esta sociedad costeó de sus propios fondos los gastos de aquella expedición, fue más agradecido su generoso desprendimiento, tanto por parte de las personas que provocaron aquella improvisada manifestación, cuanto de los mismos diputados provinciales, que así lo manifestaron al despedirse de nosotros en Tafalla35.
Igualmente, al volver esta de Madrid, el Orfeón salió a recibirle hasta la estación de Castejón, y volvieron cantando el Gernikako Arbola en todas las estaciones donde pararon. Tal fue el éxito del Orfeón en su relación con la Gamazada, que a partir de entonces recibió una asignación económica anual de quinientas pesetas por parte de la Diputación36.
La participación del Orfeón Pamplonés en todos los actos de la Gamazada supuso el afianzamiento definitivo de la institución como referente de la Navarra de la época. Músicos como Joaquín Larregla compusieron himnos para ser interpretadas por la masa coral37, que además no dejó de participar en distintos concursos de orfeones, donde habitualmente lograba uno o varios premios principales.
A partir de entonces los éxitos se sucedieron uno tras otro. En 1895 el Orfeón viajó a San Sebastián, donde actuó junto a Sarasate y Larregla. La reina María Cristina escuchó al coro, que fue recibido en el palacio de Miramar, e incluso se dice que la reina tarareó el Gernikako Arbola y Ume eder bat mientras eran interpretados por el Orfeón38. Pronto llegaron más viajes a concursos en Valladolid, Barcelona o Bilbao, donde el Orfeón obtuvo numerosos premios, y el prestigio de don Remigio creció hasta ser considerado uno de los mejores músicos de España, como detalla la concesión de la Orden de Caballero de Isabel la Católica en dicho año de 189539. En 1897 acudieron a Madrid por vez primera, donde obtuvieron un gran éxito tanto de público como de crítica.
La Gamazada supuso el afianzamiento definitivo del Orfeón en la sociedad pamplonesa de finales del siglo XIX y principios del XX. El Orfeón, considerado parte fundamental del sentimiento foral navarro, fue desde entonces partícipe de todos los hechos de relevancia acaecidos en la ciudad y, en un tiempo donde aún no existía el deporte como fenómeno de masas, se convirtió en un verdadero embajador de Pamplona y Navarra allá donde iba.
Éxitos del Orfeón
El Orfeón Pamplonés, imparable en sus conquistas, fue coleccionando éxitos uno tras otro, y acudiendo a todos los concursos de Orfeones que le eran posible. El público aplaudía a rabiar, especialmente cuando don Remigio, que además solía cantar habitualmente como solista, salía a recibir los aplausos. Las críticas eran unánimes, y en muchas ocasiones colocaban al Pamplonés como el mejor Orfeón de los concursos a los que acudía. Como ejemplo del furor que la masa coral desataba podríamos señalar cualquiera de la infinidad de recibimientos que se le hicieron en la ciudad de Pamplona. Sin embargo, la del concurso de Burdeos de 1904 fue especialmente cálida, dado que tanto El Eco de Navarra como el Diario de Navarra, los dos grandes periódicos navarros del momento, caldearon el ambiente acusando al jurado francés de no haber sido justo en sus deliberaciones40.
La noticia corrió como la pólvora y, mucho antes de la llegada del Orfeón, Pamplona entera conocía lo ocurrido. La ciudad entera apoyó al Orfeón Pamplonés, considerándolo el verdadero vencedor del concurso de Burdeos. El recibimiento que se preparó en Pamplona al Orfeón fue apoteósico.
El periodista de El Eco de Navarra dice que aquello que ocurrió en el recibimiento fue algo inenarrable,
al escribir estas líneas revolotean en nuestra cabeza esas gratísimas sensaciones, esas emociones grandes, y apenas si podemos hacer que la pluma traduzca nuestras ideas, describa el espectáculo que vieron nuestros ojos, y exprese claramente el cúmulo de ideas gratas a que antes nos referíamos, que experimentamos en nuestro corazón al ver a nuestros queridos orfeonistas, empolvados y fatigados por largo viaje, agitar sus boinas para dar las gracias a Pamplona, que en masa salió a recibirlos y los vitoreaba41.
Las más altas instituciones pamplonesas de la época esperaban en el andén de la estación. A la cabeza, el alcalde accidental señor Ferrer, con los tenientes de alcalde Ciganda y Aldaz. Con ellos, representaciones del Nuevo Casino, Casino Eslava, Círculo Mercantil, Orquesta Santa Cecilia, Círculo Carlista o la Cámara de Comercio. Miles de personas esperaron la llegada del Orfeón en la Taconera y Recoletas. Muchas personas bajaron a la estación portando hachas de viento. A las siete y media hubo un gran estruendo de cohetes que anunciaron la llegada del Orfeón, y varios ómnibus salieron a recogerlos.
En el primer coche montó el director don Remigio Múgica junto a los concejales, y en la baca de éste montaron el estandarte del Orfeón. Los orfeonistas se repartieron en otros tres coches. Miles de jóvenes acompañaron a la comitiva con hachas encendidas y dando vivas al Orfeón y a Remigio Múgica. La comitiva descendió frente al portal nuevo, y marcharon todos tras el estandarte, adornado con una corona de laurel que la colonia navarra de San Sebastián había regalado al Orfeón. Delante del estandarte unos jóvenes marchaban con una pancarta en la que ponía “¡Viva el Orfeón Pamplonés!”. Señoras y señoritas agitaban sus pañuelos al paso del Orfeón, y los orfeonistas gritaban vivas a Pamplona y a Navarra. La multitud acogió a los orfeonistas en la plazuela de San Lorenzo y en la calle Mayor. Miles de personas saludaban al coro desde la calle o desde los balcones, engalanados como en las mejores ocasiones. En la calle Mayor varios gaiteros se ubicaron frente al Orfeón para animar la marcha. Así llegaron al ayuntamiento, donde todos los orfeonistas salieron a saludar.” Quién abrazaba a un orfeonista, quién vitoreaba con entusiasmo, quién bailaba al son de la música gorra en mano, y en todos los sitios de la plaza se veían movimiento, caras risueñas de corazones entusiastas, y entusiasmo indescriptible”.
Dicho entusiasmo creció cuando el estandarte del Orfeón salió a saludar desde el balcón. La gente gritaba sin descanso, y obligaron a salir a saludar a don Remigio Múgica, “ese hombre privilegiado que ha colocado al Orfeón a una altura nunca alcanzada por otros orfeones, y aquella masa compacta le saluda con estrepitosos vivas, en los cuales se reflejaba el entusiasmo que Múgica despierta, el cariño, la admiración que a Múgica se tiene”.
La banda del regimiento interpretó diversas composiciones que animaron la noche. Múgica gritó un ¡Viva Navarra! Que fue respondido estrepitosamente por la muchedumbre. “También se dieron gritos de abajo el jurado, abajo los farsantes de Burdeos y hasta abajo el vino de Burdeos”. Entre la multitud apareció el churrero Zacarías Fernández con una enorme farola iluminada en la que ponía “¡Viva el Orfeón!” y “¡Viva Múgica!”, y ante los grandes aplausos que provocó don Remigio se vio obligado a volver a salir a saludar. Se cantaron jotas y en el salón principal del ayuntamiento se invitó a los orfeonistas a un agradable lunch. Después, los orfeonistas salieron con su estandarte y la farola al palacio de la Diputación, donde nuevamente fueron saludados afectuosamente. De ahí fueron a la sede del Orfeón, en la Plaza del Consejo, donde el recién creado coro de señoritas los saludó desde el balcón. Después de varios entusiastas “vivas”, la manifestación se deshizo. En la sede se recibieron varios telegramas felicitándolos, que provocaron también la algarabía42.
Tanta gente había en la plaza del castillo, que el gobernador civil, señor Quijada, debió ordenar se interpretase música en el quiosco hasta las once de la noche. Además, dio orden de no tocar retreta en los cuarteles hasta las diez de la noche, para que los militares pudiesen participar en la fiesta.
Aquellos primeros años del siglo XX supusieron para el Orfeón su consolidación como embajador de la ciudad. Muchos de los más destacados pamploneses del momento pasaron por sus filas y, fue tal su prestigio, que su director don Remigio Múgica se atrevió en una fecha tan temprana como 1903 a crear un coro de señoritas que le permitiese dar un paso adelante en su evolución, como veremos más adelante.
Boda de Alfonso XIII
Uno de los hitos fundamentales del Orfeón Pamplonés en sus inicios fue el viaje a Madrid que realizó en mayo de 1906 con motivo del enlace entre Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg. Más de 140 orfeonistas participaron en aquel viaje, de tal forma que debieron pedir el salón de subastas del Monte de Piedad para poder llevar a cabo los ensayos, dado que la sede que tenían en la Plaza del Consejo se quedó pequeña para tanta gente43.
En dicho viaje el Orfeón tenía programados varios conciertos; dos en el teatro Real, los días 30 y 31 de mayo, donde según decían nunca había actuado un orfeón, uno en el Frontón Central y un último en la plaza de toros de Madrid el día 1 de junio. Además, la prensa dijo que se darían conciertos ante los propios reyes y en el palacio de la marquesa de Esquilache, cosa que no sucedió44. El Orfeón viajó en un tren donde se dispusieron sendos vagones en exclusiva para el coro45.
El viaje no empezó con buen pie. Al parecer, en Madrid no se dio la publicidad necesaria a los navarros allí residentes, y el recibimiento al Orfeón fue muy pobre. Además, a pesar de ofrecer un gran concierto, el primer día no llenaron el teatro real. El segundo día de estancia el Orfeón cantó con gran maestría en la boda, pero al volver a la fonda donde se hospedaban llegó la noticia del atentado que habían sufrido los reyes. Dicho atentado provocó la suspensión del segundo concierto en el Teatro Real46 y, a pesar de que los dos restantes sí fueron hechos, el viaje a Madrid supuso un quebranto económico muy importante para el Orfeón, entrando en una crisis económica de la que no saldría hasta muchos años después.
Socorro Mutuo
La llegada de la nueva sociedad industrial alentó la creación de fórmulas de previsión que aliviaran los riesgos a los que aquellos obreros se enfrentaban. Así, patronos, obra católica, sindicatos u otras aseguradoras compitieron entre sí en materias de beneficencia47, y el Orfeón Pamplonés no quedó al margen de este proceso.
Desde un inicio, el Orfeón fue sensible a las penurias económicas que podían pasar sus miembros, y el 3 de enero de 1866, “para que los alumnos continuasen con celo en el desempeño de su cometido” la junta creó un primer reglamento de socorro48. Otro tanto ocurrió el 20 de noviembre de 1881, al fundarse el Ateneo Orfeón49. Las aportaciones económicas de los socios, así como el dinero obtenido en los distintos conciertos ofrecidos, eran empleados para mantener dichos fondos50.
En mayo de 1895 el Orfeón introdujo en su reglamento nuevamente el Socorro Mutuo. La causa fue la enfermedad de don Emilio Ramírez, que al parecer se encontraba enfermo y, no contando con otros ingresos pues no tenía trabajo, pidió dinero a la junta. Esta aceptó concederle diez pesetas, y se estableció en los reglamentos que “cuando un socio se halle enfermo lo notifique a la junta, y si pasados ocho días no ha curado, se le socorrerá previa certificación facultativa”. La asignación que se concedería sería en función de la situación económica en que se encontrase la sociedad, y la gravedad de la enfermedad del socio51. A partir de entonces fue habitual que la junta recibiese pedidos de distintos socios que, cayendo enfermos, requerían de ayuda económica. Rápidamente surgió el debate de si el acceso a dicho fondo debía ser en términos de igualdad para todos, o si por el contrario debían de ser penalizados aquellos socios que menos acudían a los ensayos. En enero de 1904 la junta fijó que
Su objeto (del reglamento de socorro) no solo es socorrer al socio enfermo, sino también al que, por razones muy atendibles y frecuentes en la vida, se encuentre en una apurada situación; que al presentarlo a su aprobación guía además a la junta directiva la idea de conseguir más puntual asistencia a los ensayos; y que el orfeonista que tenga la desgracia de caer enfermo o que sin estarlo se vea en el caso de recurrir a conseguir un préstamo, efecto de las perentorias necesidades de su casa y familia, encuentre en nuestro Orfeón un amigo cariñoso que le ampare y tendiéndole su mano lo salve de una apurada situación, librándole a la vez de la usura52.
El Orfeón desde un principio organizó o participó también en distintos actos de caridad relacionados con los avatares de su tiempo. En noviembre de 1893, por ejemplo, se produjo en Santander la explosión y hundimiento del Cabo Machichaco, barco de vapor que portaba 51 toneladas de dinamita. Debido a esta explosión, la mayor tragedia civil del siglo XIX en España, murieron 590 personas y hubo entre 500 y 2.000 heridos. La noticia pronto llegó a Pamplona, impactando a los pamploneses. El Orfeón se dispuso a recaudar fondos para las víctimas de aquel estallido. Según cuentan en su Memoria Artística,
¿Y cómo permanecer indiferente si el Orfeón Pamplonés se halla siempre dispuesto a prestar su concurso en todos aquellos actos que vayan encaminados a practicar el bien? Y al tratarse ahora de ejercer la santa virtud de la caridad, ¿había de permanecer sordo a los desgarradores gritos que dieran los santanderinos pidiendo socorro? No; el Orfeón Pamplonés, todos lo saben, es cristiano, es navarro entusiasta de las glorias de su patria y es caritativo.
Se organizó una orquesta, agregándosele bandurrias y guitarras, junto al orfeón. Se hizo una colecta en diciembre, presidida por la asociación de la Cruz Roja y socios protectores del Orfeón. De todo lo recaudado se entregaron al Orfeón 1.576 pesetas y se remitieron 1.000 a D. Santos Landa, decano de la colonia navarra en Santander, para repartirlas entre los más necesitados. El ayuntamiento de Santander remitió un oficio agradeciéndolo. Según cuentan las Memorias de aquel año, “nadie desconocerá que el Orfeón, apartando a los obreros de la taberna y de otros centros de perdición, ejerce una saludable influencia en las costumbres de los mismos y los prepara y pone en condiciones de ser ciudadanos cultos, honrados y dignos”53.
En las navidades de 1911 el Orfeón decidió hacer una colecta de juguetes en beneficio de los niños pobres de Pamplona. Para entregar dichos juguetes, se efectuaría una velada musical en los locales del Orfeón la tarde del 6 de enero. Para ello el orfeón vendió unas tarjetas que conferían el derecho a la asistencia al festival y la opción a una papeleta para la rifa de juguetes. Según cuenta el Eco de Navarra, se entregaron a los niños pobres más de 2.000 juguetes, así como abundantes dulces, y terminada la fiesta el presidente del Orfeón envió profusión de regalos y dulces al Asilo del Niño Jesús54.
Como vemos, el Orfeón Pamplonés no fue solo un coro. Desde un inicio tuvo clara su vocación social, y trató dentro de sus posibilidades de ayudar tanto a sus socios cantantes como a aquellos más necesitados de la sociedad pamplonesa. Actos de caridad como los conciertos ofrecidos por el cabo Machichaco o la colecta de juguetes para los niños pobres así nos lo muestran.
Incorporación de la Mujer
Uno de los hitos fundamentales en la evolución del orfeón Pamplonés como coro fue la incorporación de las mujeres a sus filas. Cierto es que, a lo largo de la historia del Orfeón, en varias ocasiones se había contado con el concurso de mujeres que ayudaron en la interpretación de obras que requerían la presencia de estas, pero nunca habían formado parte del coro. Es así como en marzo de 1903 la junta decidió “hacer las oportunas invitaciones a las señoritas que residen en esta capital y que por sus conocimientos musicales sean aptas para el expresado objeto”55.
Se formó una comisión con don Remigio Múgica y el secretario del Orfeón, que comenzaron a visitar a varias familias de Pamplona para convencerlas de que permitieran a las jóvenes señoritas con conocimientos musicales y aptitudes vocales que en ellas residían participar en un nuevo coro que pretendía crearse, el coro de señoritas. Rápidamente consiguieron el permiso de varias familias, y en apenas dos meses de ensayo estas señoritas estuvieron dispuestas para actuar ante el público junto al Orfeón, que seguía siendo el coro de hombres.
Según decía la prensa del momento,
No se trata, según nuestros informes, de que las señoritas aludidas formen parte constantemente del Orfeón, ni de que figuren en las excursiones que la sociedad coral realice, para tomar parte en concursos o dar conciertos fuera de Pamplona, sino de que refuercen a la masa coral para las audiciones que esta dé en esta ciudad. Con este objeto, las jóvenes serían instruidas en sus propios domicilios por el director del Orfeón, y solamente asistirían al domicilio de esta sociedad cuando hubiera de efectuarse ensayo general, y en tal caso serían invitadas sus familias a presenciarlo”56.
Para el 6 de abril la junta dio por finalizado el proceso de creación del nuevo coro, y decidió dar a dichas señoritas el estatus de socias del Orfeón, pero sin derecho a voz ni a voto en los asuntos de la sociedad. Además, se decidió crear una comisión de señoritas para que hicieran labores de intermediarias con la junta. Se abrió también una clase de solfeo para las señoritas que lo necesitasen, “debiendo reunir para ello las condiciones de tener más de quince años y voz suficiente, y ser por su conducta dignas de sus compañeras y de la sociedad”. Como profesor fue nombrado el orfeonista José Lacunza, al que se ofreció una retribución mensual de 15 pesetas57. Días después, según recogen las actas, los orfeonistas acogieron “con elogio y aclamación” la formación del nuevo coro, así como el aula de solfeo58.
A finales de abril se interpretaron en los locales del Orfeón, en un concierto dedicado a los socios protectores, el Stabat Mater de Rossini y el Ave María de Marchetti, recibiendo elogiosas críticas por parte de todos los presentes. Según se cuenta en las memorias, “estuvieron las señoritas a tal altura, que es imposible cantar mejor”. Además, varias señoritas cantaron el Qui est homo y el Sancta Mater de Rossini, “demostrando que sus dotes para el canto corren parejas con su gran hermosura”. El concierto duró, según decía el Eco de Navarra, más de tres horas59. También cantaron las señoritas en los conciertos sanfermineros de la sociedad, interpretando la obra Babas gallegas de Montes Larrea60, tras lo cual fueron obsequiadas “con un refresco”, y se hizo una fotografía con ambos coros juntos61.
Sin embargo, las actas nos hablan de que el coro de señoritas debió ser algo efímero dado que, en noviembre de ese mismo año, fue disuelto. Según dice el acta:
Atendiendo a indicaciones del sr presidente y a razonamientos del sr. director, se da por disuelto el coro de señoritas y se acuerda que la clase de solfeo establecido para ellas termine al mismo tiempo que la de los orfeonistas, o sea el 31 de mayo del año venidero, sin que ninguno de estos acuerdos llegue a comunicárseles62.
A partir de entonces las mujeres siguieron actuando con el Orfeón, sí, pero no como un coro estable, sino que en ocasiones puntuales en que el repertorio así lo exigía. Encontramos en prensa de la época diversas actuaciones donde debió participar el coro de señoritas. De hecho, debido a su gran labor, Don Remigio decidió premiarlas en 1908 con un viaje al balneario de Belascoain el día 3 de agosto. Según consta en las actas, don Remigio contaba ya con la aprobación tanto de las señoritas como de los padres de estas. Sin embargo, la junta no vio con buenos ojos dicha iniciativa, aunque acordó acceder a condición de que director y junta viajasen también, “para satisfacción y tranquilidad de sus familias”, y se decidió que los orfeonistas que lo deseasen podrían también acudir63. Sin embargo, parece ser que no se debió comunicar correctamente esta última decisión, dado que el señor Abadía presentó una queja, pues no se había invitado a los orfeonistas. Según decía el presidente, señor Fernández, “como no constituye eso un acto oficial en su totalidad, no se invitó sino a los orfeonistas que se vio en el momento de recordar el asunto sintiendo que se hubiera pasado la última junta particular ordinaria sin dar cuenta de ese proyecto”64.
Las fuentes no dejan claro cuándo fue reorganizado definitivamente el coro de señoritas, si bien sabemos que estas participaron en la ópera “Mirentxu” de Jesús Guridi, representada en Pamplona en 1913, o en un viaje a Zaragoza en 1916, donde se interpretaron obras sacras “a capella”. La Memoria artística de 1919 nos informa de la intención de reorganizar el coro mixto. Según se dice;
Por causas que no es oportuno consignar el coro mixto de señoritas y niños había quedado relegado a último término en estos últimos tiempos en que la actuación del coro de hombres ha sido tan intensa con motivo de los concursos habidos. Pero recientemente y con objeto de poder ensanchar el campo de acción de la sociedad, y dotarla de un repertorio más amplio, se ha procedido a su reconstitución. Labor ardua la que ha habido necesidad de realizar dado el alejamiento en que se hallaban sus componentes a causa de su pasada inacción. Pero la buena voluntad de algunos sres. Socios se ha impuesto, y hoy después de no pocos trabajos tenemos ya constituido el coro de señoritas y niños65.
Sin embargo, parece que dicho coro tampoco tuvo todavía la estabilidad necesaria. 1923 fue, por el contrario, un año muy importante, puesto que las Memorias Artísticas inciden en la reorganización del Coro Mixto como hecho sustancial de aquel año, “tras reunir un coro de 50 señoritas, de voces bien timbradas y agradables”66. Fue a partir de entonces cuando el Orfeón Pamplonés, ya como coro mixto, comenzó a afrontar las grandes obras del repertorio coral. Ese mismo año la Sociedad Filarmónica de Pamplona organizó 4 conciertos con la Orquesta Sinfónica de Madrid, dirigidos por el maestro Enrique Fernández Arbós. En dichos conciertos, el Orfeón interpretó los números 2 y 3 del Réquiem Alemán de Brahms y Daphnis y Chloé, de Ravel. Una crítica de la época, inserta en la Memoria Artística de aquel año, reza que
Bien nutrida de voces la masa coral, equilibradas en el grado perfecto de sonoridad las distintas cuerdas, vencidas a costa de fatigosos ensayos las dificultades de tonalidad y medición acumuladas en la particella del músico alemán, nuestro Orfeón siguió diestramente la ruta sapiente marcada por el maestro Arbós, demostrando que está capacitado para algo más que cantar obritas a cuatro voces, demostración que se hizo patente no solo en el transcurso de toda la fúnebre oración, sino, muy principalmente, en la grandiosa y solemne fuga del número 367.
Como vemos, en dicha crítica, se había iniciado ya la transformación del Orfeón Pamplonés. El propio Fernández Arbós concedió una entrevista a un diario conservado en la Memoria Artística, donde decía lo siguiente:
—¿Qué opina V. de nuestro Orfeón?
—Que es algo extraordinario. Ayer estuvo sencillamente admirable. Y tanto más me sorprendió cuanto que me hicieron ver de antemano posibles deficiencias. Se trataba de una obra difícil, que no está al alcance de masas corales que no sean muy expertas, y como no se hizo más que un solo ensayo, fue para mí una gran sorpresa el felicísimo resultado.
Es verdad que ya en el ensayo me convencí de que el Orfeón era una buena cosa. Más que todo hay que elogiar la realidad; el Orfeón canta, sabe cantar, lo hace con fino gusto, emite muy bien la voz. Lo de ayer fue perfecto. Se ve que Múgica es un excelente artista. Eso hay que ayudar e impulsar porque este Orfeón puede ser el mejor de España.
—Ha tenido éxitos resonantes…
—Sí, pero de entonces a la fecha, las cosas han cambiado mucho. Antes eran los tiempos en que los orfeones cantaban Pepita y cosas por el estilo. Antes, mejor dicho, no se cantaba, se echaba la voz. Ahora, en estas obras de los grandes maestros es cuando verdaderamente se canta, es cuando se ve el mérito real de las masas corales. Francamente, yo no esperaba tanto del Orfeón de Pamplona. Merece la ayuda de todos. Es preciso reconocer el éxito de esas gentes que espontáneamente se brindan a una obra de arte68.
Las colaboraciones con Fernández Arbós prosiguieron y en mayo de 1924 el Orfeón Pamplonés abordó por primera vez una de las obras que en más ocasiones ha interpretado; la Novena Sinfonía de Beethoven. Al parecer el éxito fue inmenso, y apenas un mes después, el Orfeón y la orquesta Sinfónica de Madrid interpretaron Novena Sinfonía de Beethoven, Daphnis y Chloé de Ravel y las Danzas del Príncipe Igor de Borodín en Zaragoza69.
Como vemos, la incorporación de la mujer resultó decisiva para que el coro sufriera una profunda transformación, pasando de ser un coro de hombres que cantaban canciones a capella a un verdadero coro sinfónico que abordaba las obras más importantes del repertorio sinfónico-coral. El papel de don Remigio Múgica en la creación del coro de señoritas fue clave, desde una fecha tan temprana como 1903. En cualquier caso, la incorporación de la mujer no fue fácil, y no fue hasta 1947 cuando una mujer, María Dolores Campo, llegó a ser jefa de cuerda de Sopranos70.
Los años veinte
El hito fundamental del Orfeón Pamplonés en estos años fue, sin duda, el viaje a Madrid de 1927. Aprovechando el centenario de la muerte de Beethoven, el Orfeón estudió la Misa Solemnis, obra de extraordinaria dificultad técnica que anteriormente sólo el Orfeó Catalá había interpretado en España. Junto al maestro Fernández Arbós, la Orquesta Sinfónica de Madrid y el cuarteto de solistas de Hamburgo, la empresa se presentaba “artísticamente temible”, y económicamente inaccesible, puesto que costaría unas 60.000 pesetas, cantidad que consiguieron gracias a la financiación de Diputación, Ayuntamiento, Crédito Navarro, la Vasconia, Sociedad el Irati, Aguas de Arteta, La Vasco Navarra, Cementos Portland y varias personas principales de la ciudad (D. Pedro Ciga, D. Fco. Martínez, D. Anselmo Goñi, Dña. Cecilia Azcárate…)71.
Tras un accidentado viaje, el Orfeón llegó a Atocha con 2 horas de retraso, portando su estandarte. El 10 de noviembre se interpretó en el Teatro Monumental Cinema varias partes del Réquiem Alemán de Brahms (Números 1, 5 y 3), y en la segunda parte la Bacanal de Daphnis y Chloé, de Ravel. Debe decirse que no se llenó el teatro, según dicen, por lo poco conocido que era aún el Orfeón en Madrid. La Infanta Isabel acudió al concierto, y durante el descanso llamó ante sí a don Remigio, felicitándolo “por lo admirablemente que canta su masa coral”72.
Al día siguiente se interpretó en el mismo escenario la Misa Solemnis. En esta ocasión el Teatro sí estaba lleno, y la ejecución de la obra, según nos dicen las Memorias Artísticas del propio Orfeón, fue apoteósica:
Se cantó haciendo un alarde de seguridad, ajuste, dominio, finura… no cabe más perfección. El teatro era como un gran templo del arte donde se rendía culto al genio inmenso de Beethoven, escuchando en silencio absoluto su magna creación. Los momentos fueron de una solemnidad grandiosa, de emoción profundísima que llegó a dominar a cantantes, profesores y oyentes, no sabiendo éstos cómo expresar sus impresiones porque los aplausos, las aclamaciones, los vivas, ¡las lágrimas! Les parecía poco…
Tal fue la aclamación que el Orfeón cantó la jota Siempre p’alante de Joaquín Larregla como bis, provocando los aplausos más ardientes del público. Críticos de música allí presentes llegaron a llamar al coro como “Los maestros cantores de Pamplona”.
Pero el viaje no acabó ahí. Al día siguiente el Teatro volvió a llenarse para escuchar a los pamploneses. Incluso acudieron personalidades como la Reina Madre o la Infanta Isabel, Primo de Rivera o Calvo Sotelo. El Orfeón interpretó partes de Parsifal y la Novena Sinfonía de Beethoven. Según dicen las Memorias, fue “la mejor versión interpretada en Madrid”. El crítico Ángel Mª Castella escribió “si el Toisón de Oro fuese merced concedible por méritos artísticos tanto o más que por el privilegio de la sangre o elevación de jerarquía, el Toisón de Oro sería recompensa adecuada para el Orfeón Pamplonés”73.
El recibimiento al Orfeón en Pamplona fue apoteósico una vez más. Según contaba la prensa, recordaba a las llegadas de Sarasate o a los triunfos anteriores del coro en los concursos orfeonales. Representantes de la Diputación y el Ayuntamiento y hasta el Obispo salieron a recibir al coro, montándose una gran procesión con bandas de música, hachones encendidos o cohetes que sonaban sin cesar. Según dicen las crónicas, aquello parecía un 6 de julio, en el que toda Pamplona vitoreaba a don Remigio y al Orfeón. Los orfeonistas subieron al Ayuntamiento, donde “D. Remigio, venciendo su emoción, saliera al balcón principal para recibir el fervoroso aplauso de sus queridos pamplonicas, de los que se despidió con dos sonoros vivas que fueron contestados con clamorosos vítores”. El Orfeón había culminado su evolución de un coro de obreros y artesanos a los que se pretendía culturizar y sacar de las tabernas, a un coro sinfónico de renombre a nivel nacional. Al poco tiempo Remigio Múgica recibió la Medalla al Trabajo, y el ayuntamiento de Pamplona le concedió una pensión vitalicia “que le ponga al amparo de las contingencias de la vejez”74.
Al año siguiente el Orfeón fue nuevamente invitado por Fernández Arbós a cantar la Misa Solemnis en Zaragoza y Bilbao. Dicho año la Sociedad Filarmónica de Pamplona propuso al coro interpretar un concierto con obras de Maurice Ravel, siendo dirigido por él mismo, y el coro respondió positivamente. Así, el 12 de noviembre de 1928 Maurice Ravel dirigió al Orfeón en tres de sus obras, Nicolette, Los tres bellos pájaros del paraíso y Ronda. Al parecer el coro tuvo poco tiempo para estudiarlas, “tres o cuatro días”, y tuvieron un ensayo previo con el maestro. El concierto resultó todo un éxito, recibiendo grandes elogios por parte del compositor, que incluso debió comentar que le gustaría llevarlos a París75.
Remigio Múgica anunció su retirada de la dirección en febrero de 1948, dejando como su sucesor al sacerdote D. Martín Lipúzcoa. Según nos cuentan las memorias artísticas de la época, el 8 de marzo el propio don Remigio presentó a D. Martín “ante el atril de tantos años de afanes y sacrificios”. Remigio dijo “no le defraudéis, poned ilusión y entusiasmo en los ensayos”. Yo seguiré en el Orfeón, porque el Orfeón es mi vida, y en él continuaré hasta que Dios disponga llevarme a su lado”. “Todos los orfeonistas de pie, prorrumpieron en larga y calurosa ovación y en vivas a don Remigio, mientras el maestro Múgica derramaba abundantes lágrimas y las contagiaba a las señoritas del coro, constituyendo esta conmovedora escena un homenaje férvido al director entrañable”. Todas las masas corales de España escribieron al Orfeón Pamplonés76.
Don Remigio falleció a las 10:30 de la mañana del 1 de mayo de 1958, con 91 años. Así, “rendía tributo a la muerte con una placidez admirable, hasta el extremo de que a todos los suyos que le rodeaban, los despidió sonriente y haciendo adiós con la mano”77.
Don Remigio fue el artífice principal de lo que es hoy el Orfeón Pamplonés. Él refundó por última vez al coro, le dio sus mayores triunfos en infinidad de concursos, y creó el coro mixto, iniciándolo en la interpretación de la música sinfónico-coral. Un busto suyo recuerda constantemente en la sala de ensayos la importancia que tuvo este músico, al cual una calle honra en Pamplona.
Títulos que ostentaba Remigio Múgica:
Conclusión
El Orfeón Pamplonés fue parte fundamental de la sociedad navarra de finales del siglo XIX y principios del XX. Prácticamente toda Pamplona pasó por sus filas en uno u otro momento, y en él tenían la oportunidad de aprender música, viajar a otras ciudades de España y del extranjero, y relacionarse con gente de la ciudad con la que no tenían en común nada más que la interpretación de una partitura. La figura de Remigio Múgica fue clave. El Orfeón Pamplonés evolucionó de un coro exclusivamente masculino a un coro sinfónico con gran acierto, y este cambio fue precisamente el que le permitió desarrollarse y convertirse en un coro de referencia en España.
A nivel navarro, el concurso de coros de Bilbao de 1892, así como la Gamazada, hicieron que el coro pasase a ser un elemento imprescindible del sentimiento foral navarro. Allá donde este actuaba, encendía los ánimos de los presentes, convirtiéndose, además, triunfo tras triunfo, en el mejor embajador que tuvo Navarra en aquella época. Los recibimientos que se le hacían, similares a los que se le hacían a Sarasate, así nos lo indican. Miles de personas salían a la estación de tren de Pamplona para recibir a su Orfeón, que era agasajado con un gran desfile por las calles de Pamplona, al son del txistu y la gaita. Y de entre todos sus miembros, el director, don Remigio Múgica, era quien mayores ovaciones provocaba.
La incorporación de la mujer en 1903 fue un hito clave en el desarrollo del Orfeón. Remigio Múgica tuvo la valentía de proponer a la sociedad pamplonesa del momento la incorporación de mujeres de forma estable en el coro. Si bien hubo grandes dificultades para mantener dicho coro de señoritas, su reorganización definitiva a partir de los años 20 le permitió afrontar las más grandes obras del repertorio sinfónico coral. Al igual que ocurrió en el caso de la Sociedad Coral de Bilbao y del Orfeón Donostiarra, Remigio Múgica convirtió al Orfeón Pamplonés en uno de los coros más importantes de España.
A partir las actuaciones con Fernández Arbós, y especialmente del viaje a Madrid de 1927 y de los elogios que recibió por parte de Maurice Ravel en 1928, el coro se consolidó como un coro dedicado prácticamente en exclusiva a la gran música sinfónico-coral, si bien nunca olvidó sus raíces de coro a capella. A partir de los años 30 se volvieron habituales sus viajes a Madrid, y comenzaron las primeras actuaciones fuera de España, sobre todo en Francia y Portugal. Remigio Múgica supo convertir a aquel coro de obreros que no sabían apenas música en un verdadero coro de calidad, que sorprendía a todos los oyentes allá donde actuaba. Fue tal el nivel que exhibió el Orfeón que incluso hubo conversaciones para que el coro actuase junto con la Filarmónica de Berlín en los años 40, hecho que no se produjo debido a la imposibilidad de los solistas de llegar a Pamplona a causa de la II. Guerra Mundial78. El repertorio interpretado por el Orfeón desde entonces fue ampliado incluyendo los Réquiems de Wolfgang Amadeus Mozart, Giuseppe Verdi o Gabriel Fauré, las Pasiones de Johann Sebastian Bach, obras de distintos autores navarros e incluso obras de autores del siglo XX como Cristóbal Halffter, Igor Strawinsky, Sergéi Prokófiev o Paul Hindemith, entre otros79. Así, el coro se ha convertido hoy en día en uno de los coros sinfónicos de referencia del panorama español e incluso internacional, habiendo llegado a cantar en los más prestigios escenarios a nivel mundial, y con varias de las más conocidas orquestas80.
Bibliografía
1 María Nagore Ferrer, “La Sociedad Coral de Bilbao y la Orquesta Sinfónica de Bilbao. Orígenes y evolución”, Bidebarrieta: Revista de humanidades y ciencias sociales de Bilbao, 3, 1998b, p. 171., y María Nagore Ferrer, La revolución coral: Estudio sobre la Sociedad Coral de Bilbao y el movimiento coral europeo (1800-1936), Madrid, ICCMU, 2001b.
2 Sobre el origen de las sociedades corales en Europa contamos con los trabajos de María Nagore “La Sociedad…”, y La Revolución… o, más recientemente, Nuria Sofía Fernández-Herranz, “Los orígenes del movimiento coral en España”, Artseduca, 23, 2019, pp. 148-169. El surgimiento de estos coros está íntimamente ligado tanto al sentimiento nacionalista posterior a las conquistas napoleónicas como a la incipiente sociedad industrial surgida en el siglo XIX, que provocó la necesidad de proporcionar a la clase obrera actividades lúdicas que alejase a los obreros de las tabernas. En 1833 el compositor y pedagogo francés Bocquillon-Wilhem fundó en París la primera sociedad coral con el nombre de l’Orpheon, y posteriormente fueron fundadas por toda Francia sociedades de canto con dicho nombre que difundían la música coral e incluso competían entre sí en concursos organizados por toda su geografía.
3 María Nagore Ferrer, “Aportaciones al estudio del movimiento coral en España”, en Aviñoa, X., (ed.) Miscel-lània Oriol Martorell, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1998a, pp. 345-357.
4 María Nagore Ferrer, “Un aspecto del asociacionismo musical en España: las sociedades corales”, Cuadernos de Música Iberoamericana, 8-9, 2001a, pp. 211-226.
5 J. Uría, “El proceso de formación de las Sociedades Corales en Asturias. De los inicios de siglo a los años treinta”, en Carbonell i Guberna, J., Els orígens de les associacions corals a Espanya, Barcelona, Oikos-Tau, 1998, pp. 179-226.
6 María Nagore Ferrer, “La Escuela Municipal de Música de Pamplona. Una institución pionera en el siglo XIX”, Príncipe de Viana, 238, 2006, p. 538.
Muchos de los fundadores del primer Orfeón Pamplonés fueron profesores de esta institución, como Joaquín Maya, Fidel Maya o Mauricio García, entre otros.
7 Archivo General de Navarra, Archivo del Orfeón Pamplonés, en adelante AGN, OP, Actas, 19/03/1865.
8 AGN, OP, Actas, 19/03/1865.
9 Sobre Julián Gayarre y, particularmente, sobre su paso por el Orfeón Pamplonés, contamos con la magnífica obra de Óscar Salvoch Muñoz, Julián Gayarre. La voz del paraíso, Pamplona, Ediciones Eunate, 2015.
10 AGN, OP, Actas, 1/VI/1865.
11 AGN, OP, Actas, 31/XII/1865.
12 AGN, OP, Actas, 06/I/1866. Sobre los músicos navarros en aquella época, Gembero-Ustárroz, María, Navarra. Música, Gobierno de Navarra, 2016, pp. 167-193.
13 Madurga Continente, Rebeca, Música y músicos en un espacio urbano: Pamplona a mediados del siglo XIX, Tesis doctoral dirigida por García Sanz Marcotegui, Ángel, y Nagore Ferrer, María, en la Universidad Pública de Navarra, 2017, pp. 202-212.
14 Leemos en La Correspondencia de España, 15/V/1867, p.3 por ejemplo cómo pasó la soprano Cristina Corro por Pamplona, y accedió a dar un concierto con el Orfeón Pamplonés.
15 AGN, OP, Actas, 19/I/1873.
16 AGN, OP, Actas, 06/XI/1881. Según una lista que existe junto a esta acta, se contaba en aquel momento con 144 socios entre antiguos y nuevos cantantes, aunque se expresa que muchos habían fallecido y a la reunión sólo aparecieron 53. De hecho, el propio Jacinto Campión en un principio consta como enfermo, y posteriormente se indica que ha fallecido.
17 AGN, OP, Actas, 10/V/1883.
18 AGN, OP, Actas, 27/VII/1885
19 AGN, OP, Actas, 24/VII/1887.
20 El Tradicionalista; Diario de Pamplona, 09/X/1887, p. 3.
21 El Liberal navarro: Diario de Pamplona, 05/I/1889.
22 AGN, OP, Actas, 28/VIII/1890.
23 Sobre las cualidades vocales de don Remigio y su semblanza, léase Barón Rada, Baldomero, El Orfeón Pamplonés, en Temas de Cultura Popular, 23, Diputación Foral de Navarra, 1991, pp. 9-12.
24 AGN, OP, Actas, 12/IV/1891.
25 AGN, OP, Actas, 30/IV/1891.
26 AGN, OP, Actas, 08/V/1892.
27 AGN, OP, Actas 14/VIII/1892.
28 Cuenta don Remigio la siguiente anécdota en una entrevista de Baldomero Barón en Diario de Navarra: “Ocurrió precisamente en aquella primera salida a Bilbao a la que antes hemos aludido. Ya sabe usted que Navarra tenía la fama de tierra de matones y pendencieros. Un sambenito que se le había puesto como otro cualquiera. En el teatro donde se celebraba aquel primer certamen, se hallaba entre otros queridos paisanos nuestros, el prestigioso arquitecto don Florencio Ansoleaga, gran admirador del Orfeón Pamplonés y gran protector hasta después de su muerte. Delante de él ocupaban las localidades varios señores, de los cuales uno preguntó a otro, cuando al tocarnos el turno salimos al escenario: “¿Qué orfeón es este?” “Estos son los de la navaja”. Al terminar el Orfeón de interpretar la obra impuesta, la ovación del público fue inenarrable. Las trece personas que componían el jurado nos vitoreaban sin cesar. Fue una jornada que nunca olvidaré. Pues bien; los señores que estaban delante de don Florencio Ansoleaga comentaban el acontecimiento, tributándonos los más calurosos elogios; y cuando se hizo un poco de silencio, se oyó la voz de don Florencio que decía irónico: “¡Miren, miren lo de la navaja!”. Ríe ahora don Remigio, y la risa le infla los carrillos y se le empequeñecen los ojos”. Diario de Navarra, 01/IV/1942, p. 10. Citado nuevamente por Barón Rada, Baldomero, El Orfeón Pamplonés…1991, pp. 10-11.
29 El Eco de Navarra, 31/VIII/1892, p. 2.
30 De hecho, la Memoria Artística de 1892 comienza diciendo lo siguiente: “Como todos sabemos, el Orfeón Pamplonés no es de hoy. El Orfeón Pamplonés comenzó sus trabajos el día 19 de marzo de 1865, debido a la simpática iniciativa de varios entusiastas navarros dispuestos a difundir la instrucción musical entre los obreros, y a robustecer su moralidad para que la gloria y buenas costumbres de Navarra, resalten con todo su esplendor y en todas ocasiones”. AGN, AOP, Memorias Artísticas, 1892.
31 Sobre la relación entre los orfeones vascos y catalanes con el nacionalismo, léase Carmen De las Cuevas Hevia, “Choral Societies and Nationalist Mobilization in the Basque Country. The Orfeón Donostiarra”, en en Lajosi, Krisztina, y Stynen, Andreas (eds.), Choral Societies and Nationalism in Europe, Brill, 2015, y, en la misma monografía, Dominique Vidaud, “Choral Societies and Nationalist Mobilization in Catalonia, 1850-1930”, en Lajosi, Krisztina, y Stynen, Andreas (eds.), Choral Societies and Nationalism in Europe, Board, 2015, pp. 157-186.
32 El Eco de Navarra, 05/VI/1893, p. 1. Según decía este periódico, “El Orfeón pamplonés, su presidente, señor Echarri, llevaba como enseña el magnífico y artístico pendoncillo de esa sociedad coral, otras veces presentado al público como bandera en las luchas del arte y hoy convertido en glorioso trofeo de acendrado fuerismo. Excusamos decir que a este pendón seguía una gran muchedumbre. ¡Bien por los orfeonales!”.
33 La Vanguardia, 18/VIII/1893, p. 3.
34 El Liberal Navarro, 18/VIII/1893, p. 3.
35 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1894, Viaje a Tafalla(despedida de la diputación), sin número de página.
36 AGN, OP, Actas, 29/I/1895.
37 Múgica, Fernando, El Orfeón Pamplonés. 150 años y un día: una historia íntima, Pamplona, Orfeón Pamplonés, 2015, p. 41.
38 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1894, Expedición a San Sebastián, sin número de página.
39 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1896, Condecoración a don Remigio, sin número de página.
40 El Eco de Navarra, 25/V/1904, p. 1, y Diario de Navarra, 25/V/1904, p.1.
41 El Eco de Navarra, 26/V/1904, p. 2.
42 El Eco de Navarra, 26/V/1904, pp. 1-3.
43 El Eco de Navarra, 12/V/1906, p. 2. Según decía el mismo periódico, en la boda actuaron “300 individuos entre voces e instrumentos; 150 voces formaban el Orfeón Pamplonés”. El Eco de Navarra, 01/VI/1906, p. 2.
44 El Eco de Navarra, 27/V/1906, p. 2. Días después, el mismo periódico decía que se ofrecería un concierto en el Pardo, cosa que tampoco ocurrió. El Eco de Navarra, 29/V/1906, p. 1.
45 El Eco de Navarra, 27/V/1906, p. 2. Dicho tren constaba de “tres coches de tercera, en los cuales iban los orfeonistas, uno mixto y un departamento de segunda para la junta directiva. En el mismo tren y en otro coche de tercera iban algunos pamplonicas a la corte, para presenciar las fiestas de la boda real”. El Eco de Navarra, 29/V/1906, p. 2.
46 El Eco de Navarra, 02/VI/1906, p. 1.
47 Ruzafa Ortega, Rafael., “Mutualismo perdurable. Las sociedades de socorros mutuos pioneras de cinco ciudades españolas, siglos XIX-XX”, Ayer, 130, 2023, pp. 165-167.
48 AGN, OP, Actas, 03/I/1866. Se conserva dicho reglamento en el AGN, AOP, Reglamento especial del Fondo de Socorros Mutuos para los alumnos del Orfeón Pamplonés. 1867.
49 AGN, OP, Actas, 20/XI/1881. Conservamos también dicho reglamento en AGN, OP, Reglamento Particular del Fondo de Socorros Mútuos para los socios activos del Ateneo Orfeón Pamplonés. Pamplona, 21 de noviembre de 1881.
50 Sobre dichos fondos de socorros consúltese la tesis de Madurga Continente, Rebeca, Música y músicos en un espacio urbano: Pamplona a mediados del siglo XIX, Tesis doctoral dirigida por García Sanz Marcotegui, Ángel, y Nagore Ferrer, María, en la Universidad Pública de Navarra, 2017, pp. 207-208.
51 AGN, OP, Actas, 11/V/1895.
52 AGN, OP, Actas, 25/I/1904.
53 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1894, no consta página.
54 El Eco de Navarra, 09/I/1912, p. 2.
55 AGN, OP, Actas, 01/III/1903. Se trata esta de una fecha muy temprana. Si bien es cierto que el Orfeó Catalá contaba ya desde 1896 con un coro de mujeres, otros orfeones cercanos como la Sociedad Coral de Bilbao o el Orfeón Donostiarra no contaron con coro femenino hasta 1906 y 1910, respectivamente. Nagore Ferrer, María, La Sociedad Coral de Bilbao…p. 173. De Las Cuevas Hevia, Carmen. Orfeón Donostiarra. Armonía sin fronteras. Orfeón Donostiarra, 2003, p. 39.
56 El Eco de Navarra, 11/III/1903, p. 2.
57 AGN, OP, Actas, 06/IV/1903.
58 AGN, OP, Actas, 11/IV/1903.
59 El Eco de Navarra, 27/III/1903, p. 1.
60 El Eco de Navarra, 08/VII/1903, p. 2.
61 AGN, OP, Actas, 06/VII/1903.
62 AGN, OP, Actas, 30/XI/1903.
63 AGN, OP, Actas, 16/VII/1908.
64 AGN, OP, Actas, 13/VIII/1908.
65 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1919, p. 7r-v.
66 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1923, sin número de página.
67 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1923, pp. 3-5.
68 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1923, pp. 3-5.
69 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1924, pp. 6-13
70 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1947, sin número de página.
71 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1927, pp. 3-5.
72 Diario de Navarra, 11/XI/1927, p. 1.
73 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1927, pp. 3-5.
74 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1927, pp. 3-5.
75 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1928, p. 8.
76 AOP, Memorias Artísticas, 1948.
77 AOP, Memorias Artísticas, 1958.
78 AGN, OP, Memorias Artísticas, 1943.
79 Gembero-Ustárroz, María, Navarra. Música…, p. 227.
80 Página web del Orfeón Pamplonés, https://www.orfeonpamplones.com/.